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Ser madre a los cuarenta da vértigo… y mucha alegría

Isabel Ribada. TELVA, abril de 2008.

De cada diez mujeres embarazadas, tres rozan los cuarenta años. ¿Por qué? ¿Será que nuestra vida profesional es cada vez más complicada y nos cuesta horrores encontrar el momento para resolver noches en vela y deberes escolares? ¿O qué tardamos más tiempo en afianzar nuestras relaciones sentimentales? Marta Robles, madre de tres hijos y periodista todoterreno, ha decidido enfrentarse a preguntas como éstas en un libro intenso y divertido: Diario de una cuarentona embarazada o cómo adentrarse en la vertiginosa vida de una mujer (que puedes ser tú) a punto de convertirse en madre madura y feliz.

Mucha gente pensará que éste es un libro autobiográfico: la protagonista ya tiene un hijo cuando, con 40 años, vuelve a quedarseembarazada, igual que te pasó a ti.
¡Es que tiene mucho que ver conmigo! y con lo que me contaban mis amigascuarentonas embarazadas. Este libro tiene un origen curioso: cuando estaba embarazada de mi tercer hijo (yo tenía 43 años), y nadie lo sabía todavía, quedé a comer con mi amiga Carmen Posadas y se lo conté. Nos reímos mucho desmitificando el embarazo (algo que, por cierto, las mujeres hacemos poquísimo) y cuando le dije: “¿Sabes que he empezado a escribir sobre esto? Es que estoy muy agobiada…” me soltó: “¡Ah, pues mándamelo!” Le envié las 20 páginas que ya tenía escritas y me animó: “Esto tiene que convertirse en un libro. ¿Tú sabes a la cantidad de mujeres que podrías ayudar?” Así empezó todo.

¿Produce vértigo tener un hijo pasados los cuarenta?
Muchísimo, porque uno quiere estar con su hijo toda la vida pero, claro, también te haces mayor, te cansas más, tienes menos paciencia… Por eso me parece tan importante mantener el espíritu y la apariencia joven. Por ejemplo, a mi hijo Miguel no le gusta que mi marido se ponga gafas para leer. Se enfada. Debe ser que no quiere tener un padre añoso (risas).

Y el proceso de mentalización ¿qué tal?
Si decides ser madre a esa edad, suele estar todo muy bien pensado. Cuando nació Ramón, mi primer hijo, estaba convencida de que no iba a tener más niños ¡figúrate! Entonces tenía 32 años, trabajaba siete días de siete, con un programa en la SER (A vivir que son dos días) y otro en Antena 3 (A toda pá­gina), y no me preocupaba de nada más. Los nueve meses pasaron sin problemas. Con los dos últimos embarazos fui más estricta: controlaba la alimentación, vigilaba el colesterol, el azúcar… pero la ilusión era idéntica.

Cada vez son más las mujeres madu­ras que se quedan embarazadas ¿có­mo lo interpretas?
La maternidad se retrasa cada vez más porque nuestra vida laboral es muy complicada, tienes que atender catorce frentes a la vez y, si lo piensas mucho, nunca te viene bien. Antes de ser madre quieres viajar, disfrutar de más libertad, subir escalones en tu trabajo… El problema viene cuando te das cuenta que el tiempo ha pasado por tu culpa.

La maternidad es la experiencia emocional y hormonal que más afecta a las mujeres ¿a ti como te ha cambiado?
Me ha hecho mejor persona, más ge­nerosa, menos radical. Mis hijos me han enseñado a quitarle hierro a los proble­mas y mi sensibilidad se ha agudizado. Ahora hay muchas películas que no veo si tocan el maltrato infantil, y cosas que no leo, si describen el sufrimiento de los niños porque lo paso fatal.

A los 25 años decías que no tenías instinto maternal…
Es que yo era muy independiente, mi trabajo me ocupaba muchísimas horas, todo el tiempo empeñada en demostrar… y los niños me gustaban, pero lo justo. Cuando me enamoré, cambiaron las cosas.

La maternidad ¿duplica la energía o te roba definitivamente el sueño?
La maternidad es maravillosa pero también tiene momentos muy duros. No hay que mitificar. A mi me decían: “Qué maravilla estar embarazada, que bonito es todo…” Pues no. Hay ratos en que, físicamente, me encontraba fatal, tenía miedo, me asaltaban mil dudas… Cuando oigo a esas madres que dicen: “Mi hijo nunca me da una mala noche.” ¿Pero quién va a creerse eso? Eso sí, las alegrías y la fuerza que dan los hijos lo compensan todo.

¿Han cambiado tus aficiones desde que tienes hijos?
Han dado un vuelco, sí. Sólo me da tiempo a leer los libros de la gente que voy a entrevistar, antes iba al cine dos veces por semana, ahora veo las de Disney cincuenta veces y esas tres maravillosas horas que dedicaba los domingos a leer los periódicos se han quedado en titulares ¡y gracias! A cambio, he incorporado imaginación, más risas y mucha vida al aire libre. No paramos ni un minuto.

¿Cómo te las arreglas para que una noche en blanco no afecte a tu trabajo?
Pues no hay mucho que hacer: al día siguiente me pongo unos parches para las ojeras, varias ampollas tensoras, un traje que me favorezca (verte guapa es básico para cargar las pilas) y dosis extras de paciencia y resignación. Después, le cojo el ritmo a la mañana y se me va olvidando.

¿No tienes tentaciones de quedarte en casa cuidando a tus niños?
No, ni creo que me aguantaran allí todo el día. Si a mi me metes en casa y me pones un mandil, me machacas viva. Yo quiero estar con mis hijos, darles la calidad de mi tiempo, pero no mi tiempo constante. A ellos les viene muy bien saber que mamá tiene que ir a trabajar, salir a cenar… Además, soy muy organizada y, como todas las mujeres, estoy acostumbrada a hacer muchas cosas al mismo tiempo.

Cuéntame como es cada uno de tus hijos.
Ramón, de 12 años, es creativo, muy sensible (eso me tiene angustiada porque va a sufrir mucho, como su madre), algo distraído y muy cariñoso, un buenazo. Le encantan los deportes y escribe maravillosamente sus redacciones en español y en inglés. Miguel tiene 4 años y es super-sociable, muy ordenado con sus cosas, sumamente zalamero y el más tozudo de los tres. No soporta que le griten y, de cara es muy parecido a mí. Y Luisito, de 14 meses, es físicamente igual que su padre, se pasa el día sonriendo y no pierde detalle de lo que pasa a su alrededor.

¿Cómo te planteas su educación?
Más que brillantes o competitivos queremos que sean buenas personas y se sientan queridos, que valoren lo bueno que tienen y respeten a quien tengan enfrente. A partir de ahí, cada uno tomará su camino.

¿Piensas tener más hijos?
No. Con tres he cubierto el cupo.

¿Y qué tal vives entre tanto balón de fútbol y pokémons en casa?
Genial, soy la reina de mi casa. Me descolocaría mucho tener niño y niña, ¿sabes? porque tendría que llevar a una al ballet y al otro al fútbol; siendo todos varones se simplifican mucho las cosas. Además, de pequeña, era un poco chicazo, me encantaba tirarme por el suelo, jugar al balonmano, las espadas, los dragones… entiendo mejor la psicología de los niños.

¿Eres una madre absorbente, tradicional o neurótica?
Todo… a la vez. Soy superprotectora, cariñosa y controladora. Vivo pegada al móvil porque estoy más tranquila sabiendo cómo han comido, si ya han venido del colé, a qué han jugado… Sin embargo, fallo en la autoridad. Me cuesta mucho ponerles límites y soy poco regañona. Lo que si hago es besarles y achucharles mucho. Cuando me dicen: “¡Qué guapa estás mamá!” ya estoy de buen humor para todo el día.

Dime el primer recuerdo de infancia que te venga a la memoria.
Las partidas de ajedrez que jugaba con mi padre. Estaba empeñado en hacernos pensar (aunque si le ganaba, no le hacía tanta gracia) y en que nos marcáramos retos, algo que también inculco a mis hijos. Y, por supuesto, los abrazos constantes y cariñosísimos de mi madre.

Siempre dices que lo que más te gusta es escribir.
Es verdad. A mí, lo que me entusiasma, es contar historias, grandes y pequeñas, de esas que llegan al corazón. La primera novela la escribí con 15 años ¡tenía 117 páginas! y hasta gané varios premios literarios. Sólo hay una cosa que me divierte más: leer.

Tres niños, un programa de televisión, varias colaboraciones en prensa… ¿De dónde sacas el tiempo para escribir?
Pues aparte de una férrea disciplina con la que me obligo a escribir todos los días, aprovecho los ratos libres. Cuando tienes niños escribes cuándo y dónde sea. ¿Mis autores favoritos? Albert Camus, García Márquez, Benedetti, Pedro Salinas, Borges, Juanjo Millas…

Por cierto ¿cómo Influye la maternidad en la creatividad?
Mucho, mis hijos me acercan a sus pequeños mundos y me dan muchas ideas. Enriquece mucho entrar en su forma de ver la vida y en esos lugares mágicos que, al leerles un cuento, construyes con ellos.

Tu imagen, tan sonriente y de buen humor ¿es realidad o ficción?
Ah, nada de ficción, soy como me ves! Tengo mis arranques de genio (cada vez menos frecuentes, por cierto) pero es verdad que soy generosa, disfruto con las cosas más simples y nada envidiosa. Y trato de ser positiva. Me lo impongo como una disciplina, porque mi tendencia natural es verlo todo negro ¡qué le voy a hacer!

Leo en una entrevista tuya: “Soy una corredora de fondo” ¿a dónde quieres llegar?
Ya he llegado. Mi única ambición es tener ilusión, ver contenta a mi familia, hacer las cosas bien y, sobre todo, no aburrirme… y, gracias a Dios, lo he conseguido.

Telva

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