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Cayetana Guillén Cuervo

«Soy del Barça y del Atlético de Madrid»

–Acaba de terminar la función de «Amar en tiempos revueltos» en Madrid con el cartel «No hay billetes» ¿No es como si hubiera ganado una medalla olímpica?
–Pues un poco sí, porque uno de los miedos de los actores es quedarte en blanco en el escenario y otra que esté el teatro vacío. Que esté lleno es siempre un premio… Y seguimos con premio en el resto de España, donde estamos de gira y seguimos colgando el mismo cartel.

–De todas maneras, está más que en forma, que si «Versión Española», doce años después y ahora en la 1, que si la serie, que si sus colaboraciones en prensa, que si el teatro. ¡No me extraña que esté tan delgada!
–Pues sí, pero es genético. Mi hermana tiene ocho años más que yo y cuatro hijos y está como un fideo, así que, estoy contenta.

–Pero algún deporte hará…
–Mira, hago deporte, sí, pero depende de la actividad profesional. Me gusta mucho esquiar, aunque este año no he podido, porque haciendo teatro no te puedes arriesgar. Y luego voy al gimnasio asiduamente, sin grandes obsesiones, pero sí que entra en mi  rutina nadar, hacerme mi tabla de ejercicios o correr por la urbanización… Algo siempre hago.

–¿Qué tiene el mundo del deporte que no tenga  el del cine para que todo el mundo quiera apoyar al primero y casi todo se meta con el segundo?
–Qué bonito, tienes toda la razón… Pues quizá que nosotros no sabemos medir que nuestras opiniones tienen una trascendencia en los medios de comunicación bastante elevada y somos demasiado impetuosos y vehementes en público.

–¿Aseguraría que no hay deportistas que pirateen películas?
–Es que no lo sé, no creo que tenga que ver con una profesión… Va en la ética de cada uno entender que eso se debe o no hacer… Es como si vas a un restaurante y te vas sin pagar ¿no? Yo creo que el señor que ha cocinado tiene derecho a cobrar

–¿Cree que con la «Ley Sinde» se va a solucionar el problema, o a internet le queda mucho por ser legislado?
–Aún le queda mucho. La «Ley Sinde», con sus pros y sus contras, es un punto de partida. Hay que legislar todo lo que es la convivencia entre los seres humanos y las situaciones que se van proponiendo en la vida.

–¿Qué tal sigue su padre, que andaba pachucho?
–Pues sigue ingresado, pero está un poquito mejor. Mi delgadez también tiene que ver con eso. Los hospitales son muy duros.

–Su padre y su madre, ¿han sido los entrenadores de la familia?
–Sin duda. Su ejemplo es nuestra referencia. Nos han transmitido un respeto absoluto por el trabajo, por la constancia, por la disciplina y eso ha hecho que los tres hermanos tengamos unas vidas ordenadas y normales.

–La verdad es que todos juntos forman un equipo maravilloso… De entre todos, ¿quién ha sido el encargado de marcar los goles y quién el de ejercer de portero?
–Pues un poco todos todo y depende de las épocas de nuestra vida.

–¿Le gusta el fútbol?
–Pues mira, tengo un chico muy futbolero y me he tenido que sumar al carro.

–¿Y de qué equipo es?
–Del Barça y del Atlético de Madrid.

–Pues tiene un niño, ¿ha pensado que tendrá que llevarle algún día al campo igual que ahora a los cumpleaños?
–Bueno, es que está entrenando allí con Pantic, donde entrenan los pequeños del Atlético de Madrid.

–Y hablando de fútbol, ¿cuáles han sido sus mejores goles?
–La familia que me ha traído al mundo y la que he creado yo, que es lo que más feliz me hace. Y en lo profesional, la constancia en el trabajo, sin tregua, sin habituarme a nada, de tal manera que, aunque lleve doce años, cada vez que hago un programa de «Versión española» es como si fuera el primero.

En primera persona
«Nací en Madrid un día de junio. Paso de decir el año. Estoy casada por lo civil, tengo un hijo y me siento muy orgullosa de mi familia. No me arrepiento de nada tan gordo como para tener que confesarlo. Valoro la honestidad y la ética y no soporto a la gente que va de una cosa y luego es otra: si vulneras mi confianza me pierdes y soy imposible de recuperar. Perdono, olvido, soy voluntariosa, constante y tengo sentido del humor. A una isla desierta me llevaría a mi marido y a mi hijo. Como y bebo de todo, no hay nada que no me guste especialmente, no puedo dormir con nada de luz, no se me repiten los sueños, de mayor me gustaría ser lo que soy. Si volviera a nacer sería lo mismo, pero con más tiempo para mí y para ordenar armarios, entendiendo por ordenar armarios todas las cosas del hogar».

La Razón

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