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Roberto Álvarez

«Ni un Barça-Madrid ha logrado vaciar el teatro»
– Actor –

–Creo que es usted un apasionado de los temas de nutrición, ¿«mens sana in córpore sano»?
–«Mens sana», si comes sano, desde luego.

–¿Y deporte?
–Se necesita muy poco, basta con andar una hora al día. Sería lo más recomendable.

–¿Hay que comer mejor cuando se está de giras o cuando se estrena en el Teatro Fernán Gómez de Madrid una obra como «La Casa de Muñecas» de Ibsen?
–Hay que estar más atento a lo que se come cuando estás trabajando fuera de casa, porque es cuando hay más tendencia a hacer burradas.

–Comparte cartel con la que era su novia oficial y la mala de la película en la exitosa serie «Ana y los siete», ¿han necesitado mucho entrenamiento para cambiar de registro?
–Absolutamente. En aquel caso ella era la mala y yo el bueno y en esta función yo soy el malo y ella la buena. Las cosas se han dado la vuelta.

–Debía estar muy en forma para estar entre dos fuerzas de la naturaleza como Silvia Marsó y Ana Obregón…
–Sí, pero ahora tienen que estar todas las fuerzas de la naturaleza conjugadas para soportarme a mí en esta obra de teatro.

–Lo que está claro es que de siempre ha andado bien de reflejos, como para saber pasar casi en un instante de ser ingeniero de telecomunicaciones a actor.
–Más que los reflejos fue directamente el subconsciente. Jamás pensé cuando estaba en «Teleco» que me iba a dedicar a esto, pero me pusieron en un grupo de teatro y desde ese día no me pude despegar de ser actor.

–Y ya que usted lo ha sido y lo es de teatro, televisión y cine, ¿dónde se suda más la camiseta?
–En el teatro, sin duda. Una doble función de dos horas significa cuatro horas encima del escenario con una gran concentración.

–Hablando de forma física, sé que antaño jugaba al rugby y varios deportes más, ¿qué hace ahora?
–Treinta minutos de ejercicio anaeróbico, o sea, pesas, tres veces por semana.

–¿Y practica el «senting», el sentarse en el sofá a ver todo tipo de competiciones deportivas?
–Es un ejercicio relajante y poco oxidativo, que sí practico, sí. Veo finales de fútbol, algún partido de rugby y algunas finales de baloncesto y Fórmula Uno, si a eso se le puede considerar deporte.

–¿Pero tiene equipo de fútbol?
–El Sporting y el Atlético: todo rojo y blanco, hasta la pasta de dientes, no quiero saber nada de pastas blancas.

–Pues no sé si jugando el Atlético o el Sporting, pero un Real Madrid-Barcelona le puede vaciar el patio de butacas.
–No ha sucedido. Estábamos de gira por Castilla-La Mancha, no recuerdo en qué, y pese a ese encuentro el teatro se llenó.

–Sus futuros éxitos serán la serie «Tarancón» y la película sobre el «Capitán Trueno», pero ha tenido muchos más, incluido el ya mencionado de «Ana y los siete», ¿ha sido su mejor gol?
–Ése ha sido el gol más popular; el mejor gol, «Casa de Muñecas». El personaje, Elmer, es un trabajo de escuela muy difícil de abordar y del que estoy muy orgulloso de cómo me ha salido. Y eso que he trabajado con todos los directores y he hecho papeles muy interesantes, como el de «La Ciudad» sin límites o «Los Borgia».

–¿Y usted qué es más, de equipo o de deportes individuales?
–De equipo, la del escritor o el pintor son actividades en las que la conversación de arte la tienes contigo mismo. Yo soy más de proponer algo con un grupo.

–Vamos, que nada de monólogos, ¿no?
–Pues estoy pensando en uno, pero me da pereza por eso mismo. Incluso pensé en que hiciéramos un monólogo dos actores, un día uno y otro, otro, para confrontarnos.

EN PRIMERA PERSONA
«Nací en Gijón en 1956, vivo en pareja y tengo dos hijos que son de lo que más orgulloso me siento. No me arrepiento de nada. Valoro la nobleza, detesto la mezquindad y soy noble. Me preocupo por los demás, soy cariñoso y algo prepotente. Perdono y olvido en cinco minutos. A una isla desierta me llevaría, aparte de a mi familia, para cuidarla, un «pack» con conexión a internet. Me gusta comer sano y de temporada, y beber vino. Tengo manía a las manías y de pequeño me despertaba siempre cayéndome por una escalera. De mayor me gustaría ser menos ansioso y si volviera a nacer sería, desde el primer día, actor».

La Razón

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