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Marketing y liderazgo

Llevaba años preguntándole a mi marido qué diantres hacía escuchando las absurdas declaraciones de los futbolistas cuando de pronto voy y presto atención. Y sorpresa, sorpresa, ¡tan poco están todas tan mal! Que la generalidad son largas parrafadas sin contenido en respuesta a preguntas más que obvias formuladas tras los partidos es cierto, pero que ahora hay contestaciones que parecen hacer ver que los declarantes hasta han acabado el bachillerato, también.

Veo a Cristiano Ronaldo besando esa segunda Bota de Oro tan mona, que le hace juego con la primera, y nada más despegar sus labios del zapato metálico va y  dice: «Cambiaría la Bota de Oro por la Liga». ¡Esto es marketing del bueno! Lo pensara o no, el golpe de efecto parece una patada de esas que acaban en gol. Por si fuera poco, va y añade, refiriéndose a Messi: «Es mejor coincidir en el tiempo con él que no hacerlo. Me gusta competir. Así se sabe quién es mejor». Y en una frasecita de nada, deja claro su liderazgo.

Desconozco el nivel de estudios de Cristiano Ronaldo –hasta ahora pensaba que sólo estaba graduado en Ciencias de la Musculatura–, pero viendo que no da puntada sin hilo en los discursos, empiezo a pensar que  o tiene una inteligencia natural de esas que normalmente se adjudica a los toreros o se entrena el intelecto, además de los bíceps, los tríceps y todo eso que se le nota hasta con la camiseta puesta. (Una tercera posibilidad es que esté recibiendo algún curso en ESADE, pero no tendrá tiempo, ¿no?).

La Razón – En clave femenina

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