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Pedro Duque

«No hay ninguna ley científica que no se pueda cuestionar»
- Astronauta -

DE CERCA
Bebe muchísima agua, pero también le gusta el vino, la cerveza y la paella. Valora las ganas de hacer cosas bien y detesta la mentira. Es capaz de perdonar, pero sólo olvida lo que no quiere. Le gustaría seguir soñando como cuando volvió del espacio que flotaba y de mayor le gustaría ser ex astronauta

Pedro Duque, que tras 14 años como astronauta de la ESA y dos vuelos al espacio (en 1998 y 2003), decidió hace cinco años tomarse una excedencia para dirigir Deimos Imaging (del grupo Elecnor Deimos), empresa dedicada a la explotación del primer satélite español privado de observación de la Tierra, acaba de retomar su carrera de astronauta.

Sabe que a lo mejor ese viaje a Marte que podría tardar unos diez años en ponerse en marcha le pillará «un poco mayor», pero las cosas podrían cambiar. El espacio siempre ha sido su vocación.

–Vuelve usted a ser un astronauta en activo en la Agencia Europea del Espacio ¿cómo se siente?
–Es un sentimiento ambivalente porque lo que estaba haciendo era de muchísimo interés. Estamos todos muy orgullosos del satélite Deimos 1 y de lo bien que está funcionando, pero por otro lado la oportunidad, de momento remota, de volver a hacer un vuelo espacial, estimula mucho.

–Los rusos acaban de hacer un simulacro de viaje a Marte… ¿realmente se podría viajar hasta allí?
–Ha sido un poquito de mentirijillas… Pero sí se puede, no tenemos que inventar nuevas leyes de la física, ni materiales ni ordenadores ni nada que no tengamos ahora mismo, sino poner junto cuanto tenemos ya y hacerlo bien. Lo que pasa es que para eso se necesita mucha gente y mucho tiempo, y si se multiplica gente por tiempo sale dinero.

–¿Y que beneficio nos reportaría ese viaje?
–Lo primero es que la humanidad hace estas cosas de forma natural: La exploración estimula a la humanidad en sí y como consecuencia estimula a la juventud para que estudie más ciencia y esté más motivada para inventar nuevas cosas que luego valen en muchos sitios; para ir a la luna se inventaron cantidades de cosas que ahora utilizamos todos y que fueron un impulso y un salto enorme que normalmente hubiera tardado mucho más.

–¿Cómo qué?
–Por ejemplo la fotocopiadora que Xerox desarrolló para la documentación del programa Apolo. Había que documentar todo muy bien porque todo tenía que encajar y había cientos de miles de personas trabajando y cada una de ellas tenía que enviar sus documentos a los otros. Como no había ni ordenadores ni internet, todo se hacía a través de documentos y nunca nadie había impreso tantos de una vez. También para realizar el programa Apolo, la NASA contrató a IBM y se consiguió la miniaturización de los ordenadores. Nadie hubiera pensado en hacerlo si no se hubiese tenido que ir a la Luna, de donde había que regresar con ordenador porque no se podía volver a ojo… Y luego está la propia ciencia: no es lo mismo la observación de un aparato automático, de un satélite que cada tres meses cambia un poco que mandar personas que saben qué mirar, toman decisiones y traen muestras.

–¿También se encuentra a Dios en el espacio?
–Bueno, eso dependerá de si piensas que hay uno. La gente que vuela al espacio lo normal es que no cambie de idea ni en un sentido ni en el otro. Si que hubo casos en los programas del Apolo, los programas iniciales, los que eran más pioneros, en los que uno o quizás dos astronautas a su vuelta del espacio se dedicaron un poco más a la religión y dieron un paso a creer más… El resto, el que no creía, sigue sin creer y el que creía lo normal no le dio por hacerse más religioso. El espacio no cambia tanto a la gente.

–Pero desde allí se verá que todo es relativo ¿no?
–Ayuda mucho sí. Hay gente que lo consigue en la montaña. Cuando te subes a una montaña los problemas de la vida diaria te parecen más lejanos y te sientes más tranquilo por un rato. Yo creo que por eso mucha gente sube a las montañas también… En el espacio eso sucede mucho más.

–Hablando de relatividad, parece que la teoría de Einstein se podría tambalear tras el descubrimiento de que los neutrinos viajan más rápidos que la luz…
–Bueno, eso habrá que verlo y constatarlo del todo. Pero lo bonito que tiene la ciencia es que no hay nada fijo. No existe ninguna ley de la ciencia que no se pueda cuestionar; de hecho, la ciencia avanza porque hay gente que cuestiona todo. Y una vez de cada mil alguien cuestiona un precepto científico válido hasta entonces y el experimento dice que tenía razón y la ciencia avanza un paso grande.

–Sucede que sin embargo hay temas relacionados con el espacio sobre los que no se acaban de tomar decisiones ¿qué pasa con el asteroide Aphosis?
–Bueno, a estas alturas ya hay medidas muy exactas que determinan que en 2029 va a pasar bastante cerca, más que el Hispasat.

–¿Y eso qué efecto va a producir sobre la Tierra?
-Ese primer encuentro ya está lo suficientemente medido como para que no haya incertidumbre, así que no va a producir, seguramente, ningún efecto. Si hubiera una suerte malísima podría darle a algún satélite, porque de aquí al 2029 es imposible calcular dónde estarán los satélites; pero seguramente no producirá ningún efecto. Lo que sí es verdad es que, como pasa tan cerca de la tierra y la tierra digamos que lo atrae, pasado el 2029 volverá a pasar muy cerca cada siete años, sin que podamos determinar exactamente la distancia.

-¿Y si llegara a chocar contra la Tierra supondría una tragedia?
–Si le pegara de lleno a la Tierra, lo normal sería que cayera en el mar y habría un tsunami que ríete tú del de Fukushima… El de Fukushima sería una olita de la playa, no tengo los números aquí, pero sería un tsunami diez o doce veces mayor que el que produjo el desastre de Japón.

–¿Y no se puede desviar su trayectoria?
–Hay que ponerse a ello y no nos hemos puesto en absoluto. Hemos tenido conversaciones y hemos hecho grupos de trabajo.  Hace un par de años estuve en Granada en una de las conferencias de protección planetaria y todo el mundo estuvo de acuerdo en que algo se tenía que hacer… Pero falta que alguno de los programas espaciales mundiales construya uno satélite específicamente para esto.

–Bueno, a lo mejor para entonces ya hemos reventado el mundo los seres humanos, que cada vez lo tratamos peor ¿no?
–Está claro que somos muchos y tiramos mucho de los recursos de la tierra. La capacidad de la naturaleza de absorber todos los cambios que producimos sobre ella –que no son sólo los gases de los coches o de las calefacciones, que es importantísimo, sino toda la extensión de tierra en la que hemos talado árboles para colocar cultivos, además de la cantidad de suciedad que hemos tirado al mar–, parece que está casi a punto de rebasarse.

–¿Qué haremos entonces? ¿Nos iremos a vivir a otro planeta?
–Estaría bien que pusiéramos más esfuerzo en este tipo de investigación, pero lo cierto es que ahora mismo la tecnología nos permitiría ir a Marte y volver a tres o cuatro personas, pero lo de llevar allí un montón de gente para vaciar un poco la tierra está de lejos de las posibilidades tecnológicas y requeriría unos desarrollos importantísimo. No digo que no se pueda hacer algún día, pero ahora mismo no.

–Igual nos pueden ayudar algunos extraterrestres más listos que nosotros… ¿existen?
–No tenemos ninguna certeza. Ni siquiera tenemos indicios. Las historias que cuenta la gente sobre los ovnis son más o menos como las que cuentan sobre las meigas y los fantasmas. Y no sé si alguno de ellos existirá… Pero parece que no. Lo que estamos intentando es escuchar al universo a ver si nos llega alguna señal que claramente no sea de origen natural, pero eso no se ha conseguido, por mucho que se ha intentado. Por otra parte estamos buscando indicios de que pudiera haber vida de otro tipo, más simple, aunque sea cuatro células…, y de momento tampoco lo hemos conseguido. Está cada vez más claro que las condiciones de Marte no son tan malas y que en el pasado eran muy buenas para haber dado lugar a la vida del tipo de la que conocemos nosotros, pero aún hay que ir allí, excavar, sacar muestras… Y luego, en planetas mucho más lejanos que descubrimos con telescopios. hay indicios en muchos sitios del universo. Cuanto más sofisticados son nuestros aparatos más descubrimos que en muchos sitios hay moléculas orgánicas, que son los principios químicos que constituyen nuestros propios cuerpos y se forman de manera natural, así que no parece raro que, en un sitio con buenas condiciones, se dé la vida. Pero saberlo, no sabemos nada todavía.

Personal e intransferible
Nació en 1963, está casado y tiene tres hijos, de los que se siente orgulloso, al igual que de su trabajo. Dice Pedro Duque que a veces se pasa muchísimo calor en los trajes de astronauta porque, aunque tienen refrigeración, quienes viajan al espacio tienen que saber manejar los aparatos cuando están medio rotos y cuando toca el traje con la refrigeración rota, el calor es insoportable. Dice también que flotar es algo parecido a nadar pero sin poder impulsarte con los brazos y las piernas y sin que haya diferencia entre arriba y abajo. Dice que en el espacio se come comida preparada, que no se cocina, que lo habitual son comidas deshidratadas. Dice además que hay que hacer pis como si fuera en la boca de un aspirador y con cuidadín y que para las heces hay un agujero bastante pequeño para que no se escape, porque hay que guardarlas junto con la orina para su conversión en abono o envío a la Tierra, tal cual…Y pese a todo, dice que le gustaría volver a viajar al espacio. Debe ser porque su trabajo «tiene muy buenas vistas».

La Razón

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