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Nombres de capricho

La lotería dispara con bala y no le importa que sus «víctimas» se puedan llamar Evilasio, Gláfida, Walfrido o Filogonio. Toca porque toca, por la suerte de los protagonistas o pese a ella… Que  quienes se llaman así ya tienen que soportar el infortunio de que sus padres les hayan elegido tales nombres. El nombre no hace a la persona, como el hábito no hace al monje, dirán ustedes. Y yo convendré, sin remedio, en que tienen razón; pero también en que, igual que hay que tener una suerte impresionante para que a uno le toque la lotería perteneciendo a un pueblo burgalés como el conocido por el de los «nombres raros», o lo que es lo mismo, el de Huerta del Rey, también  hay que tenerla mala para que en tu pueblo haya un tal Adolfo Moreno y desde su posición de secretario del Ayuntamiento considere, para evitar que los apellidos repetidos causen problemas, acudir al Martirologio romano y cambiar los nombres convencionales por estos otros que, oigan, un premio, verdaderamente, no son.  Eso fue lo que les sucedió a los huertanos en el siglo XIX, por obra y gracia del destino. ¡Qué faena! Dirán algunos a los que les cuesta encontrarle el «sex appeal» a la más guapa de las Marcianas o Alpidias de Huerta del Rey… Pues, según se mire. Si ellas de siempre se habían encontrado distintas gracias a sus nombres diferentes, ahora, reforzadas por el premio de la lotería, podrán ver sus sueños convertidos en realidad. Incluso el de que alguna estrella de Hollywood acabe llevando su nombre ¿Qué no? Al tiempo. La lotería es caprichosa, pero la vida, ya lo saben, lo es mucho más.

La Razón

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