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Por qué aquí

A cuánto está el kilo de hígado? ¿Y el de riñón? ¿Y el de médula ósea? Si no fuera porque esta última no se vende en las carnicerías, podría ser el avance de lo que acontecería si se abriera el mercado de trasplantes de órganos. En nuestro país, modélico donde los haya, en el que las donaciones de órganos superan las expectativas, quien controla el asunto, de una manera exquisita, es la Organización Nacional de Trasplantes. No sólo se recogen los órganos de todos los españoles –salvo en el caso de que, expresamente, las propias personas o las familias no deseen que se haga, que es lo que indica nuestra legislación–, sino que se reciben de manera totalmente anónima y al receptor de cada órgano, al enfermo, no le cuesta ni medio euro. Que el altruismo y la generosidad vehiculen el sistema es lo que garantiza que no haya «piratas» de órganos que eludan cualquier tipo de moral y acaben traficando con ellos.  En medio de la inquietud que genera el dinero en este tema, aparece, desafiante, DKMS, el registro alemán de donantes de médula ósea, demandando donantes en España a través de la red. La manera de hacerlo es tan sencilla que muchos españoles  se deciden a ayudar… Sucede que si luego nuestro Estado necesita esa médula ósea, donada por españoles a DKMS (Alemania), tiene que pagar por ella 14.000 euros. La ONT dice que es ilegal. DKMS asegura que no y que no tienen ánimo de lucro. Pero, si no lo tienen, como dicen, ¿por qué se empeñan en recoger donaciones del mundo entero para luego venderlas allende sus fronteras? ¿Es que en su país ya han donado todos la médula y no hay quien requiera ese tipo de trasplante?

La Razón

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