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Spanair

Yo no sé por qué, pero esta línea aérea siempre me cayó mal. Bueno, sí sé por qué: Un año le perdieron la maleta a mi marido y al siguiente, cuando estaba embarazada de mi hijo pequeño, me la perdieron a mí. Lo señores no sabrán la “tragedia” que supone para una mujer encinta que le pierdan la maleta, pero las mujeres que han pasado por ese trance y que saben lo difícil que es vestirse cuando se descompensa el cuerpo lo entenderán perfectamente. ¡Con decir que de aquella anécdota nació mi novela “Diario de una cuarentona embarazada” —que no, que no es biográfica, que es novela y nada más que novela—. Anécdotas y tragedias de verdad, como el pavoroso accidente de aquel agosto negro del que aún no nos hemos repuesto, aparte, Spanair siempre ha parecido una compañía mal gestionada.

Y en los últimos tiempos, cuando de pronto entró en ella la Generalitat por el ansia de tener “una línea aérea catalana” (difícil encontrar una ridiculez del mismo calibre en los tiempos que corren). Desconozco si la legislación consiente actitudes así, pero a mi entender de profana en la materia, cerrar una compañía de un día para otro con tantos billetes vendidos es un acto delictivo. ¿Acaso las quiebras se producen de un día para otro? ¿Acaso los responsables se han quedado sin un duro en sus cuentas, literalmente, como para no poderse pagar, por ejemplo, un billete de avión, que es algo que le ha sucedido a más de uno?

Lee el artículo completo en La Gacet de Salamanca.

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