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Boris Izaguirre

«Siempre he entendido un mundo más privado que público»

DE CERCA
«Cuando escribí ‘‘Villa Diamante’’ (finalista del Premio Planeta) todo el tiempo pensaba en el jurado. ‘‘Dos monstruos juntos’’ y ‘‘Y de repente fue ayer’’ son más libres, así como soy yo… pero ‘‘Villa Diamante’’ será la novela que me enterrará», confiesa.

Llega al Hotel Wellington de Madrid, que es algo así como su segunda casa, casi gritando:  «Pero, mi amor…». No puede ser otro más que él, Boris Izaguirre. Y sólo en él resulta adorable escucharlo, aunque se sepa que es falso. Las contradicciones son parte de su encanto. Y le crecen a pares, como los monstruos de sus libros.

–¿Los protagonistas de su último libro, «Dos monstruos juntos», son hijos de la crisis o los parió antes de que soplaran los malos vientos?
–Bueno, yo empecé a escribir la novela en marzo de 2008, pero la abandoné y luego la volví a recuperar. Y la empecé justo antes de la crisis… pero  creo que todos presentíamos que algo, evidentemente, iba a pasar…

–Todos, todos, no. Zapatero no parecía presentirlo…
–Bueno, eso no lo sé porque en esa época yo no lo conocía, sólo le había entrevistado dos veces… Pero me gustaba mucho la idea…Como latinoamericano, siempre he vivido en crisis. Considero que mi único momento de no crisis han sido los veinte años que he vivido en este país. España cambió completamente mi vida. Me apetecía escribir sobre cómo alguien que siempre ha conocido la crisis, de pronto puede sentirse rico y creer que va a serlo para toda la vida y, de repente, darse cuenta de que no, de que nos pasamos la mayor parte de nuestra vida en crisis.

–En este libro suyo, como en todos los demás, hay un trasfondo histórico, adornado con personajes reales: desde el malvado Madoff hasta el mismísimo Boris Izaguirre…
–¿Y quién no te dice que los Duques de Palma? Es decir, yo cuanto más se va descubriendo el tejido, la ingeniería fiscal de la trama del presunto caso de corrupción del Instituto Nóos, más me parece que es igual a lo que hacen Patricia y Alfredo (los protagonistas de «Dos monstruos juntos»). Cuando lo leyó mi papá me decía: «¡Pero, no sabía que fueras tan experto en estas cosas!». Y yo le dije: «No papá, es de mentira, es una ficción». «¡Pero es tan real!», me dijo.

–Es que es muy reconocible…
–Sí, y por eso, en el fondo, irrita tanto cuando lo lees. Los personajes no están basados en nadie, en realidad no existen, pero cuando tú los lees sabes que sí pueden existir.

–Supongo que eso tiene mucho que ver con que se trabaje en el mundo de la información y la comunicación, ¿no?
–Sí. Yo creo que eso es un género. Ahora se habla mucho de la novela periodística y, evidentemente esto es una novela periodística, claramente, con una enorme cantidad de sentido del humor y con esa ironía, así, bastante ya escéptica que en mi opinión cada vez me caracteriza más ¿no? Es muy peligroso meterse en ese laberinto de la actualidad. Es más, yo tuve un momento de alta miseria humana, de decir: ‘‘¡Por favor, por qué estoy metido en esto!’’. O sea, me sentí todo lo culpable que no se sienten los «presuntos».

–Presuntamente ha ganado usted mucho dinero ¿Guarda algo para los tiempos de crisis?
–Bueno, compré todo lo que me parecía que tenía que comprar… Pero sí, guarde. Tanto las telenovelas, como «Crónicas», que fueron trabajos altamente polémicos, con críticas muy, muy fuertes, fueron lugares de trabajo muy importantes para mí. Ambas me han permitido tener una colección de muebles, de cuadros y de trajes de los que indudablemente todo el mundo dirá «qué buen gusto». Entonces, bueno, he conseguido hacer y tener cosas muy elitistas.

–Y además, hacerse un hueco en la intelectualidad…
–Pero es que no considero que haya dejado de ser igual nunca… Empecé mi carrera escribiendo una columna con 16 años; y era verdad que parte de la razón de escribir esa columna era precisamente que la escribía alguien que tenía 16 años… Es decir, el periódico vio claro que era un escándalo, por las cosas de las que hablaba una persona de 16 años… Y así comenzó mi carrera.. Yo siempre he estado un poco acompañado por el escándalo, es una cosa que me acompaña…

–¿Era igual de escandaloso antes de «Crónicas marcianas»?
–Sí. Era más, mucho más. Era el miedo de las fiestas… Lo que no tenía era tanto éxito… Y en el fondo pienso que estaba muy desorientado. En los dos años anteriores a «Crónicas» llegué a pensar que estaba totalmente descarrilado, que había perdido el orden y que me había caracterizado. No es que estuviera  fumando de todo o metiéndome de todo… No, no era ese descarrilamiento, pero sí había perdido el orden que yo más o menos tenía, la idea de mí mismo.

–¿Y cuál era?
–Pues yo quería escribir, como siempre. Me gustaba la idea de poder publicar en España, de hacer una vida más o menos similar a la que había conocido en Caracas. Y la parte social, más o menos la tenía. Y ahí apareció Sardá con «Crónicas». ¡Todavía hoy sigo pensando que no lo sé hacer bien! Es decir, no paro de hablar, de repetirme… A veces cuando me oigo en la radio le digo a Rubén (su marido): «No puedo, por favor, es que, todo son adverbios, todo es, verdaderamente, claramente, todo es interrumpir…»

–El público le quiere en la tele y compra sus libros, por algo será…
–El público tiende a equivocarse… Desde mi punto de vista, todo se resume en que la gente percibe en mí una cierta honestidad ¿no? Puedes ver: «Él no nos ha ocultado nunca nada. No nos ha ocultado que es Boris, que se opera, que es homosexual, que es más de izquierdas que de otra cosa, que no está bautizado todavía…». Y entonces, esa honestidad la gente la asume y dice: «Mira, es verdad, él quiere escribir y está ahí; publica sus libros y está viviendo esta vida que vive para luego escribir». Es decir, todas estas cosas en las que me he metido, las he hecho para tener una vida luego, con la que poder entender los personajes que se me ocurran.

–Pero aparte de escribir, sigue trabajando en un montón de sitios. ¿Ha notado la crisis?
–Muchos de nosotros hemos conocido demasiados privilegios y ahora estamos asumiendo los recortes. Yo encuentro muy importante entender eso y asumirlo.

–O sea, que acepta que tenga que haber recortes…
–Evidentemente. Yo no estoy tan de acuerdo, por ejemplo, en que digan que si recortamos esto vamos a reducir el déficit y luego el déficit no se reduce… Pero yo entiendo que las empresas privadas que me contraten, ahora digan: «Tenemos que pagarte entre el 15, el 20 o el 30 por ciento menos». Eso yo sí lo entiendo. Siempre he entendido un mundo más privado que público.

–¿Pero no era más de izquierdas…?
–Sí, pero pienso que está demostrado que no podemos ponerlo todo en el sistema público, todo no… Una de las grandes tragedias de Latinoamérica es que sin tener Estado del Bienestar, porque jamás lo hemos tenido, tuvimos unas relaciones muy paternalistas con el Gobierno. Esto es equivocado. No todo puede estar subvencionado, no todo puede estar dependiendo del erario público.

–Dígame, para acabar, si cree que siempre habrá libros…
–Es una pregunta perfecta para una respuesta totalmente Boris, para que se vea lo increíblemente manipulador y contradictorio que soy. Así como, por ejemplo, me parece que respeto más la empresa privada que el erario público, pues también puedo decir públicamente que me parece fascinante y genial que exista el nuevo soporte de las nuevas tecnologías, pero yo, personalmente, compraré el periódico, compraré la revista y compraré el libro.

Personal e intransferible
Es un completo autodidacta. No ha estudiado nada: «Si hubiera tenido que revalidar mi bachillerato de EE UU hubiese tenido que pasar dos años más estudiando secundaria». No habla más que español, e inglés de cóctel, claro.  «Mi hermana me dice: ‘‘Boris, cuando tú hablas inglés los taxistas de Nueva York no te entienden…’’ ¡Pero es que los taxistas no hablan inglés!».  Dice que no es listísimo y que sólo ha tenido mucha suerte …, pero lo es. Listísimo. Por eso sabe aprovechar las oportunidades. Y cultísimo también: «Porque mi casa era muy culta y sin presión».

La Razón 

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