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Los kilts

Una sabe qué son los kilts, de toda la vida. Culturilla general, alguna lectura, un viajecito, escuchar a algún amigo… Pero no había sentido mucha curiosidad por la falda en cuestión. Sabía, sí, que era característica de Escocia y que se la ponían los varones porque, cuando caminaban por las Highlands con pantalones, se les mojaban de tal manera que la humedad les subía hasta… Bueno, hasta eso que ahora supuestamente llevan al descubierto bajo la falda…

Sin embargo, he aprendido que las llevan hombres, al menos, en apariencia supermachos.  Ni más ni menos que los que juegan al rugby. Y lo sé porque, de pronto, al viajar a Roma en este puente me he encontrado  con que la Ciudad Eterna andaba repleta de grandullones con barba, las piernas llenas de pelos y sus habituales y diferentes kilts. ¿Qué, por qué son distintas tan monísimas falditas tableadas? Muy fácil: porque dependiendo de la casa-familia a la que pertenezcan, sus cuadros y colores son más grandes o más pequeños y de unos colores o de otros… Y ¿por qué se la han colocado estos señores para venir a  Roma? Pues porque se acaba de celebrar aquí un partido del Seis Naciones. Ese torneo que antes era de cinco y al que en 2000 se sumó Italia. Bien. Pues antes del partido todo era, entre los escoceses, ir «con faldas y a lo loco». Y tal vez por ese motivo, zas, cayeron una vez más ante Italia y se volvieron a llevar de nuevo la cuchara de madera. Si ya lo decía mi abuela: «¡Vayas donde vayas, ve con ropa… interior!»

La Razón

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