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Mabel Lozano

 «Yo no soy portavoz de nadie»

Mabel Lozano es una mujer impresionante. Pero no por su altura, ni por sus rasgos exóticos, ni por sus curvas. Ni siquiera por su simpatía. Mabel Lozano es una mujer sin parangón por su capacidad para el compromiso, para la lucha, para aprovechar el momento, para aprender y para defender, sin reservas, todo aquello en lo que cree. «Dadme una cámara y cambiaré el mundo», asegura. Y, cámara en mano, está consiguiendo darle un importante vuelco al mundo femenino y que el masculino lo vea.

–Aclarémonos, ¿qué quería ser de niña: modelo, actriz, o directora de cine comprometida?
–Pues yo quería salir de mi pueblo. En mi pueblo no teníamos referentes como para que yo hubiera podido querer ser directora de cine, o actriz o astronauta, por ejemplo… Yo soy de un pueblo pequeñísimo de Toledo. Así que he sido lo que he podido y lo que me han dejado; lo que tocaba para una generación de mujeres que proceden de un pueblo pequeño. Pero desde que empecé en el cine y la televisión ya me apetecía contar desde atrás.

–Lo que es difícil es decidirse a hacerlo cuando se tiene la parcela de «starlette» muy dominada y no se sabe ni utilizar el ordenador, como era su caso…
–Es cierto, pero soy una tía con un ansia de aprender que te mueres y por eso mi evolución ha sido meteórica. Mira, yo tengo la sensación de haber llegado tarde a todo. Salir de aquel pueblo me costó veintipico años, así que he llegado a todo al tran-tran, al rebufo ¿no? Y por eso me he puesto las pilas. ¿Cuándo lo hice? Pues cuando, de repente, descubro la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual y siento la necesidad de contar su historia. A partir de ahí me tengo que poner a aprender. Han sido 7 años de continuo aprendizaje, incluido un máster de cine social y derechos humanos en Irlanda.

–Y pasa de ser una «starlette», como dice usted, a ser directora de cine…
–Yo debo decir que he tenido una suerte de la leche. La vida me regaló un espacio sólo por medir 1.80 –herencia de mi padre, que era altísimo. Y gracias a eso que no me tuve que currar, pude trabajar como modelo y vivir en Tokio, París, Milán, Nueva York…Luego aparecieron las teles privadas, y por la misma razón encontré mi sitio en ellas. Y lo aproveché, claro. Y aprendí y disfruté y me desenvolví estupendamente en un mundo que me ofrecía muchas posibilidades. Fue estupendo…Pero no es como esto que hago ahora. Esto lo he elegido yo.

–¿Cómo llegó al tema de la trata?
–Porque creé la marca de camisetas Pepequillo con dos amigas y decidimos donar parte de los beneficios a un proyecto de mujeres, por aquello de que siempre hay que devolver a la vida algo de lo que te da… Así llegamos al proyecto Esperanza. ¡Y nos encontramos con la esclavitud! ¡Ninguna nos lo creíamos! Y aquí hago un alto en el camino para decir que yo adoro este periódico para el que me estás entrevistando, que es el que leo y me merece más respeto, precisamente porque no tiene página de contactos, ya que detrás de ellas están los proxenetas, las mafias y toda la gentuza que está esclavizando a mujeres y niñas.

–El caso es que decidió hacer un documental sobre el tema…
–Sí. Con mucho esfuerzo, mucho miedo, mucha angustia y mucho apoyo por parte de amigos como Jorge Sánchez Gallo, que es quien me ayuda en un primer momento a dar ese salto mortal y me pone una colchoneta, hago mi primer documental, «Voces».

–Pues rebotó usted en la colchoneta, porque ese documental lleva unos cuantos premios…
–Montones, y ha recorrido el mundo entero. Además, después de tantos años, se sigue proyectando cada día en varias universidades e institutos de España. Y sigue siendo un referente en la lucha contra la trata porque fue el primero que se hizo contado por las propias víctimas. Cuando se habla de este tema se habla de mujeres desnudas, de sexo, de prostitución. Yo no, yo las respeté y escuché su historia.

–Es un asunto espeluznante, ¿tiene solución? 
–No. Pero no por la feminización de la pobreza, como dicen muchos, sino porque es el gran negocio, el tercero ilícito después de armas y drogas. Y cuando un negocio da tanto dinero, enriquece a tantos, es dinero B, no cotiza y hace rica a tanta gente, sigue y seguirá existiendo. Es así. Punto pelota.

–Al menos ahora se empieza a señalar a los clientes…
–Bueno es que en España la prostitución es alegal.  Y tendría que estar penalizada… Lo que ocurre es que las mujeres están tan amenazadas y tienen tanto miedo por sus hijos que se callan, se dejan violar… ¡Yo por los míos también me dejaría violar y hasta asesinar! Y efectivamente el cliente es cómplice. Yo también lo he contado en un corto, en «Escúchame», más premiado incluso que «Voces». Somos el tercer país del mundo en consumo de prostitución.  Lo que pasa es que ser puta está estigmatizado, pero irse de putas no, es normal. Es un problema de educación.

–Entre su primer documental y ese corto rodó «La teoría del espiralismo», «Las sabías de la tribu»  y «Todavía hay tiempo para verbenas». 
–Las mujeres paralímpicas de «La teoría del espiralismo» me dejaron admirada y perpleja. Con «Las sabias de la tribu», las mujeres que fueron las más avanzadas de su época y nos abrieron los caminos, aprendí mucho y me reí más. Y después de «Todavía hay tiempo para verbenas» lo pasé muy mal, porque intentaba concienciar de la importancia de la prevención y contar que no se puede evitar el cáncer de mama, pero que hay que enterarse a tiempo para no morir… y  una de las protagonistas de mi documental murió. El cáncer de mama es durísimo y es vital animar a la prevención. Cuatro de cada siete mujeres lo padecemos.

–También hay que animar a la maternidad, porque cada vez tenemos menos niños ¿no?
–Y de ahí «madre» con minúsculas, probablemente mi trabajo más distinto, más novedoso… Es la bomba.

–¿En qué consiste?
–Es un documental autofilmado. Cada mujer autofilma su maternidad, como si la cámara fuera su cuaderno de bitácora, pero no como un proceso biológico, que eso ya lo ha hecho National Geographic con más medios de los que yo tendré nunca, sino como un proceso sociológico. A través de estas madres, que son una menor en vivienda familiar, una madre de familia numerosa, una madre en adopción, una madre en exclusión social, una primípara mayor, una madre de gemelos… a través de todas ellas vemos cómo es nuestra sociedad. Estamos hablando de mujer y empleo, de conciliación, de cómo se portan los maridos, de los hijos… Tú lo decías: «Somos el país con la demografía más baja del mundo». Hay que hablar de maternidad y en «madre», además de las mujeres del documental, cada una –todas las que quieran, sean conocidísimas como Irene Villa o totalmente anónimas– cuenta su propia experiencia personal y única y sus historias se recogen y comparten  a través de internet (autoretratosmaternidad.com).

–Todos sus proyectos hablan de asuntos de mujeres ¿se ha erigido usted en nuestra portavoz?
–No, no, eso es muy pretencioso. No soy portavoz de nadie.

–Pero, ¿le han hecho algo los hombres?
–Pues mira, no me han hecho nada, pero es verdad que me interesa mucho más el mundo de la mujer.

–¿No le divertiría hacer una película sobre ellos o una película de ficción?
–Pues no. Primero porque no me interesa nada la ficción, porque creo que la vida real la supera y con creces… Y respecto a ellos, yo  hago documentales y los hombres salen poco y bastante mal parados, por cierto. Y luego debo decirte que ya estoy preparando un par de documentales y uno es sobre la mutilación genital…. Y no son ellos quienes la sufren ¿no?

Personal e intransferible
A Mabel se le ve de lejos. Cualquiera diría que ese pedazo de mujer que se ríe estrepitosamente de la vida, achinando más aún sus ojos asiáticos, nació en un pueblecito de Toledo llamado Villaluenga en 1967. No son muchos años, pero sí mucha vida la que ha vivido desde que dejó su pueblo pasados los 20. Se convirtió en estrella y ahora, que es madre de dos hijos y directora de cine, lo suyo es ser abogada «de pleitos pobres». Defiende las causas de las mujeres. Porque le da la gana. Porque cree en ellas. Y porque quién mejor para hacerlo que una mujer que no se arrepiente de nada, que se inventa los sueños por la noche para hacerlos realidad por la mañana y que igual da voz a las prostitutas que a las mamás modélicas.

La Razón

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