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Presentadoras de deportes

Me dicen, me cuentan y me rumorean que para ser presentadora de deportes, entrevistadora deportiva o similar, más que un buen uso del vocabulario y un conocimiento de las reglas del juego, lo que hay que tener es una buena caída de pestañas, las piernas largas y prestas a correr, no detrás del balón, sino del futbolista o deportista en cuestión, y un desparpajo de aquellos que no se olvidan.

No será verdad, me digo yo, ingenua de mí, que creo que las valoraciones se hacen por conocimientos y capacidad, aunque sepa que también algo ha de ayudar el físico… Serán chicas que lo hacen bien y, encima, están muy bien. Y me pongo a darle a la tecla del ordenador y busco presentadoras de deportes. En el mundo ¿eh?, ¡a ver si alguien se cree que aquí somos más o menos! Y, para empezar, me encuentro con una pava de no se qué país –impactante, por cierto–, en bikini, que se dedica al «terreno deportivo»; luego un montón de fotos de Sara Carbonero, sí, la chica de Iker Casillas, entre las que se incluyen algunas antiguas en las que se apoyaba sobre un balón y se mordía uno de sus deditos; una de una gigantona a la que se le sale una teta –¡eso, tan enorme, no puede ser un pecho!– y otra del equipo al completo de «las chicas del Marca», todas ellas monísimas, supersexys y con unos tacones que dan tanto miedo como vértigo.

Y oigan, sí. Me asalta la duda inmediatamente. ¿Igual, hoy en día, para presentar los deportes en cualquier sitio hay que estar requetebuena de la muerte? Pues parece que sí, aunque mucho mejor si sabe del asunto en cuestión. Como Bea Pino, de Telemadrid, o mi presentadora de deportes favorita en España, Desiree Djambo, de TVE-1.

La Razón

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