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Heladería Livorno

Siempre me han gustado los helados. Soy de las que los consume en invierno y en verano casi por “prescripción facultativa”, pero debo reconocer que no me gustan todos. Y es normal, porque estoy bastante mal acostumbrada. Tanto como para llevar tomando desde pequeña los mismos helados que se consume la Casa Real. Ni más ni menos. Son los helados de Livorno, una heladería muy pequeñita en pleno centro de Aravaca. Allí descubrí, gracias a mi hijo mayor, el helado de Pitufo, lógicamente azul, pero riquísimo pese a la apariencia. Aunque mi preferido sin duda es el helado de limón, que casi tira más a sorbete que a helado y que es de los mejores de la capital. Lo cierto es que le he pedido a Alfredo, el dueño, que es encantador que me cuente cuáles son los sabores preferidos de Su Majestad, pero nada, no he conseguido nada, pese a la amistad de años. El es discretísimo y no suelta prenda, por mucho que sea vox populi que la Zarzuela es clienta de la heladería. (Aunque servidora sabe de buena tinta que a la reina le pirra el helado de cerezas)

Lee el artículo completo en El Blog de la Guía del Ocio.

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