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Casa Mingo

Casa Mingo es uno de mis lugares míticos de Madrid, plagados de mil y un recuerdos de juventud. En mi época de estudiante, con los bosillos casi vacíos, las tertulias sobre literatura y periodismo se deslizaban por aquel lugar oscuro, donde, con los dedos grasientos por el pollo asado, los estudiantes de Ciencias de la Información intercambiábamos conocimientos, incluso con algún que otro profesor. Ubicado en un antiguo almacén ferroviario de la Estación del Norte, y casi pegado a la milagrosa ermita de San Antonio, donde, en su día iban a buscar novio las modistillas y ahora todas las solteras, Casa Mingo huele a Asturias. Una Asturias casi de minero, sin posibles y sin más pretensiones que las de comer bien y pasar un buen rato, pagando lo mínimo imprescindible. Aquí eso es, alrededor de unos quince euros, pero eso sí, bien gastados. En un pollo asado, un plato de queso de cabrales y una buena sidra, que no debe faltar nunca. El ambiente es de lo más heterogéneo. Uno se puede encontrar con escritores de renombre y de toda la vida, con mucho estudiante de las facultades, no demasiado distantes y familias enteras que van a agasajarse cuanto pueden, pagando lo que pueden que es poco siempre y en estos tiempos que corren, difíciles para todos, más aún.

Lee el artículo completo en El Blog de la Guía del Ocio.

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