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El sueño

Mallorca. Verano de 2012. Las autoridades se han puesto las pilas, alertadas por las estadísticas (más allá del afán recaudatorio), y han establecido controles de tráfico por toda la isla. Lo de irse a cenar de una punta a la otra, por carreteras,  a veces oscuras y en ocasiones peligrosas, pasará, en breve a ser historia, si es que no lo ha hecho ya. ¿El motivo? La Guardia Civil acecha con multa al canto y retirada de puntos para todos aquellos que conduzcan habiendo consumido sustancias prohibidas que afectan al carácter y, naturalmente, también a la conducción.

Hablamos de alcohol y tóxicos clandestinos pero, ¿qué pasa con los autorizados? Las pastillas contra la alergia, los nebulizadores, los jarabes para la tos y otros tantos más que solemos utilizar con una alegría extrema, no sólo darían positivo en un control antidoping, sino que, además, nos aquejan del mal  que más víctimas se cobra en carretera: el sueño.

Mal está ir bebido o drogado al volante, pero igual de peligroso es hacerlo sin haber dormido como corresponde o atrapado por la somnolencia que provocan algunos fármacos. Si hay algún lugar específico en el que la indicación es la de estar bien despierto esa es la carretera, el espacio donde más reflejos se nos exige y en el que nuestra plenitud de facultades casi siempre suele estar mermada por las circunstancias: el móvil, los niños, las discusiones de pareja… Estar al cien por cien resulta complicado, pero mucho más aún si tenemos sueño, mucho sueño. Ese sueño que provocan el alcohol, las drogas, los medicamentos y el puro no dormir. El mismo que cada año se cobra cientos de vidas en las carreteras.

La Razón

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