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“La perpetua” de Ruth Ortiz

José Bretón mató a sus hijos y los quemó en una hoguera. Carbonizó sus cuerpos para evitar ser descubierto y para que nadie supiera cómo murieron los pequeños. A la espera del tercer informe que ratifique estos terribles hechos que certifican dos estudios anteriores,  Ruth Ortiz, madre de los dos pequeños, ya esta muerta. Aún camina y respira, sí. E incluso escribe emotivas cartas que nos dejan a todos el corazón encogido… Pero está muerta.  ¿Cómo no morir imaginando los últimos momentos de Ruth y José, pensando en si lo pasaron mal, preguntándose si en medio de su pánico alguna vez gritaron «mamá»? Ruth Ortiz, por obra y gracia de José Bretón, está condenada de por vida a levantarse cada mañana sin sus hijos, a acostarse sin ellos, a no verlos crecer, a no volver a escuchar sus risas, a no sentir sus besos, a no volverlos a tener a su lado jamás. ¿Hay condena más dura? ¿Existe alguna otra más perpetua? ¿Hay algo que justifique que esta pena de Ruth sea para siempre y la de José pueda quedarse en unos años? ¿Qué ha hecho Ruth para merecer vivir muerta? ¿Y qué no ha hecho José para que entre todos evitemos que salga de la cárcel durante todo el tiempo en el que siga siendo el mismo hombre malvado que ha asesinado a sus hijos? Nuestro sistema penal se basa en la rehabilitación pero, ¿de verdad basta con unos pocos años para que un asesino de este calibre resulte rehabilitado? Dejémonos de plazos en las condenas y vayamos revisando a los criminales. Y, si lo siguen siendo, sencillamente, que la Ley impida que salgan a la calle.

La Razón

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