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Más vale honra sin barcos…

Hay partidos y partidos. Partidos amistosos, partidos fundamentales y partidos vitales. Y, después, está el clásico, en el que uno se juega la amistad, el fundamento, la vida… pero sobre todo la honra. Los tres puntos que se disputan el Barcelona y el Real Madrid son lo de menos. Lo importante es conseguir, una vez más, derrotar al adversario más reconocido, al más admirado, al más valioso. Ninguna victoria vale tanto, ni tiene mejor sabor. Bien lo conocen los entrenadores de ambos equipos, que en días como el de hoy, más que nunca, diseñan sus estrategias de juego con esmero y echan mano de sus mejores jugadores, sabiendo que los ojos del mundo entero están puestos en ellos.

El partido trasciende a Madrid y a Barcelona, a España y a Cataluña, e incluso a Europa. Aquí, allá y hasta en el más recóndito de los lugares del planeta, donde hoy hay una tele, hay una emoción, más allá de la puramente futbolística. Ésa que reside en una rivalidad deportiva –que no odio en absoluto, ambos equipos se respetan y se aplauden– y que nace del espíritu quijotesco español, ése tan bien recogido por el almirante Méndez Núñez, cuando, allá por 1865, en la guerra del Pacífico, pronunciara la frase de «más vale honra sin barcos que barcos sin honra». Pues para muchos, y no es broma, más vale ganar el clásico que ganar la Liga. Al menos hoy. Luego, según avancen la competición y los meses, ya irán cambiando la cosas…

La Razón

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