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Nuria Roca y Juan del Val

«Somos conscientes de que lo nuestro puede acabar mañana»

DE CERCA
¿La tele les ha costado más de un prejuicio? «Más que la tele –dice Nuria Roca– cuando una chica alta, guapa, que le gusta maquillarse, no lleva gafas de pasta, ni el pelo corto, ni tiene 20 kilos de más,  se pone a escribir… se le cuestiona».

Viven en un lujosa urbanización de Madrid con sus tres hijos y sus tres tortugas, en una casa que han reformado por completo para adaptarla a sus necesidades. Tanto es así, que se han construido en ella un espacio de ocio en el que están al margen del mundo, tomándose una copa o viendo una peli. Puede que lo compartan con amigos, o que lo hagan juntos, como hacen tantas cosas. Incluso, escribir y conseguir un éxito arrollador, como el de su segunda novela a cuatro manos  «Lo inevitable del amor», que en menos de tres semanas lleva tres ediciones y está entre los diez libros más leídos.  ¿El secreto de su éxito y de su felicidad conyugal de la que jamás presumen porque si algo detestan es la imagen almibarada de pareja cursi? «Ser conscientes de nuestra provisionalidad».

-¿Provisionalidad? ¿A qué se refieren? 
-JDV:  Nuestro caso no es ejemplo de nada, pero nosotros desde el primer día tenemos un carácter de provisionalidad en todo lo que hacemos y somos conscientes de que lo nuestro se puede acabar mañana.
-NR: Y a lo mejor conociendo ese carácter de provisionalidad lo disfrutas más todo.
-¿Y a qué se debe ese carácter de provisionalidad cuando llevan juntos un montón de años, están casados, tienen tres hijos y mucho éxito?
-JDV: Tiene que ver con nuestro inicio, en el que parecía imposible dar un duro por nosotros.
-NR: Juan venía de una historia, yo de otra…
-JDV: Y empezamos a vivir en una habitación de hotel, ¡todo absolutamente provisional!
-NR: Nos dijimos: «Si duramos tres meses aquí, todo para adelante».
-Gran reto, la verdad. Aunque, si cabe, lo es más escribir juntos.
-NR:  Bueno, es que en realidad no lo hacemos. No escribimos juntos nunca. Lo que hacemos es  mucho trabajo previo para tener muy definidos a los personajes y la historia que queremos contar.
-¿Se reparten los personajes?
-JDV: No, nos repartimos las escenas.
-NR: En nuestro libro anterior «Para Ana de tu muerto», como había dos personajes claros importantes,  uno masculino y otro femenino  todo el mundo pensaba que Juan se encargaba del masculino y yo de Ana. Pero tampoco era así.
-JDV: Pero entiendo que se vea la dificultad porque a mí me sería muy difícil o imposible escribir con alguien que no fuera ella.
-Eso es casi una declaración de amor…
-NR: No sé si amor o excesiva confianza.
-JDV: Bueno, es que yo a ella le hago muchas declaraciones de amor.
-¿Y quién escribe mejor?
-NR: No se quien escribe mejor pero…
-JDV: …Ella
-NR…No lo sé, pero a mí Juan me aporta valentía a la hora de escribir. Me ayuda a explorar campos que yo sola no me hubiera atrevido.
-Pues no será el del sexo que lo tiene exploradísimo desde el principio.
-NR: A mí el sexo no me da ningún miedo,  me parece mucho más complicado el terreno de los sentimientos. Abrirte en canal para contar algo me parece más pornográfico.
-Está claro. Pero siempre se ha dicho que las escenas de sexo, de las que hay unas cuantas, son muy complicadas de escribir.
-JDV: Yo, la verdad, a veces cuando leo algunas escenas de sexo pienso que el que las ha escrito habrá tenido sexo, pero no del bueno. Imposible. Eso es algo que se nota.
-NR: Es verdad que muchas veces puedes leer cosas de sexo en la literatura que te dan vergüenza ajena y dices «¡ay!, no».  Para mí es muy importante que quien esté leyendo esté a gusto. No solamente porque se pueda excitar, que me parece maravilloso, sino porque no le moleste. Cuando una escena es de emoción te tienes que emocionar, cada cosa lleva lo suyo; pero con las escenas de sexo tienes que intentar no traspasar una línea si no quieres caer en la pornografía.
-¿Por qué dicen que «Lo inevitable del amor» es una novela de amor poco romántica, porque hay mucho sexo, porque hay mucha infidelidad o porque nada es lo que parece?
-JDV: Lo del «poco romántica» es un empeño mío.
-NR: Es que Juan es poco romántico, yo lo soy más.
-JDV: No es cierto que yo no sea romántico, aunque presuma de no serlo; pero detesto profundamente las comedias románticas americanas. Me parece que son dañinas para la sociedad y sobre todo para la mujer. Entonces, como en el título, aparece amor y en la portada, una chica feliz, me parecía imprescindible, para que no hubiera equívocos, que se dijera que era poco romántica.
-NR: Es que el término romántico está muy devaluado. Si se utilizara bien y no con ese punto azucarado sería maravilloso.
-Maravillosa es la protagonista de la novela. Una arquitecta guapa, exitosa, con una familia perfecta y hasta un amante perfecto. ¿En la literatura no hace falta que las cosas sean reales si simplemente son verosímiles?
-NR: ¡Pero si es como la vida misma! La realidad a veces es tan rocambolesca que nos sorprende. Al final lo que hacemos es relatar esa realidad que nos rodea mezclándola con…
-JDV: ¿Por qué te parece que es inverosímil?
-No, si verosímil me parece, pero real….¡ Tan guapos y tan estupendos!
-JDV: En la novela, es verdad que la gente es guapa. Nos gusta la gente guapa.
-Y todo es bonito y está bien decorado y…
-NR: Porque nos situamos en unos personajes: María, su pareja y demás, que están muy presos de la estética. Pero no como algo peyorativo. A mí me gusta la estética, aunque hay gente a la que le parece superficial.
-JDV: María dice que es un síntoma de educación y de inteligencia y yo también creo que eso es así.
-No todo es estético en María. De repente tiene un encuentro sexual con un futbolista jovencito y tatuado que…
-JDV: ¡Ha causado verdadero impacto, sobre todo en el público femenino! Quizás es su punto de inflexión.
-¿El sexo es sinónimo de éxito en estos momentos?
-NR: No lo creo, pero sí que está de moda. En esta novela hay sexo como lo había en «Para Ana de tu muerto» o en «Los caracoles…». En todos mis libros hay sexo, como hay emociones y sentimientos, que se tocan con la misma naturalidad.
-Esta protagonista suya tan decidida y tan libre parece que actúa más como se entiende que lo hacen los hombres.
-NR: Puede ser que tenga algo de masculina, sí. Es un personaje muy independiente.
-Y con mucha soltura, no sólo en el sexo sino en eso de llevar una doble vida, que años atrás era patrimonio exclusivo de los hombres, salvo contadas excepciones.
-NR: Lo cierto es que cuando nos pusimos a pensar en la novela y decidimos tratar lo que eran las dobles vidas, no sólo queríamos centrarnos en los amantes, sino también contar cómo una persona puede ser diferente en cada lugar: con su familia, en el trabajo, con los amigos.
-Los dobles comportamientos parecen inevitables, pero ¿Es tan sencillo tener dobles vidas?
-JDV: No es lo mismo la cajera de un supermercado que está casada con un fontanero, que una arquitecta de éxito. Y al imaginar, partes de algo un poquito sofisticado.
-¿Y hay que ser muy sofisticado para vivir a la sombra de una Nuria Roca?
-JDV: Mira tengo una mujer más guapa que yo, que tiene más éxito que yo y gana más dinero que yo.
-¡Pues debe funcionar usted muy bien en la intimidad!
-JDV: ¡Pues ya que lo dices…! Yo vivo estupendamente a la sombra de Nuria Roca. Nunca he tenido ningún tipo de ambición de salir de su sombra
-NR: Sí que es cierto y esto lo voy a decir yo…
-JDV: ¿Que funciono muy bien en la intimidad?
-NR: No, que para soportar la sombra hay que tener mucha luz y una enorme seguridad. Si no te desestabiliza.

Personal e intransferible
Juan es de Madrid, fue crítico taurino, es muy deportista (lleva diez maratones y quiere hacerse un «ironman») y ya tiene en la cabeza nuevas ideas para desarrollar en la literatura. Nuria es valenciana, arquitecta técnica…¡Y casi perfecta! Guapa, amable, lista…¡Hasta hace bien el arroz al horno! Y eso sin hablar de  sus éxitos en todos los ámbitos y de la valentía que le permite abandonar su medio natural, la televisión, cuando no encuentra un proyecto que la convenza y dedicarse no sólo a escribir sino a buscar otros caminos. ¿Cómo el de actriz? «Todos los que nos ponemos delante de una cámara es porque queremos contar cosas. Y ésa es otra forma de hacerlo». Aseguran que ambos seguirán contando cosas. Juntos o por separado, eso aún no lo han decidido. Pero tras esta segunda novela repleta de temas serios, aderezados con humor, casualidades y sexo,  su consagración como escritores de «best-sellers» queda clara. Y eso que, de mayores, a él le gustaría ser torero y a ella pintora. Está claro que no son previsibles. Como lo que escriben.

La Razón

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