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Cavan Mahony

Cavan Mahony - Foto: Gonzalo Pérez

«El lujo, si es de calidad, siempre tendrá su público»

– Propietaria de Missoni en Madrid –

DE CERCA
«Me gustaría poder inspirar a la gente a pensar creativamente, a creer en el éxito de cada proyecto específico y en el éxito de sus compañías», asegura Cavan Mahony.

No todo el mundo vive las crisis de igual manera. En el madrileño «showroom» de la más internacional de las marcas italianas, Missoni, al glamour de sus siempre reconocibles prendas y estampados hay que añadir un bodegón de uvas y frutos secos, que ofrecen al visitante junto a una copa de champán francés. Habrá quien piense que ésas son cosas de ricos, pero la propietaria de la firma en España, la americana Cavan Mahony, independientemente de su patrimonio económico, es más bien rica en entusiasmo vital y, sobre todo, empresarial. Enamorada de España, Cavan llevaba muchos años tratando de establecerse en nuestro país y no dudó en hacerlo cuando descubrió que, finalmente, podía hacer realidad su gran sueño: compatibilizar su vida en España con un ambicioso proyecto empresarial: el de acercar a los españoles la marca de ropa que había admirado desde niña, Missoni.

–Tengo entendido que antes de Missoni montó una empresa de cosmética con la modelo Christy Turlington. ¿Por qué decidió arriesgarlo todo y abandonar ese negocio por el de una firma de ropa?
–No era sólo una firma de ropa, ¡era Missoni! Desde niña he sentido pasión por la marca. Cuando tenía 20 años prefería pasar mucho tiempo sin comprarme nada para poder ahorrar y comprarme después algo de Missoni, que para mí era la marca de más lujo. O mejor dicho, de lujo más distinto. Y traerla a España me parecía muy apropiado porque es muy mediterránea, con unos colores y un estilo muy artesano que me parece perfecto para este país.
–¿No pensó en los riesgos de optar por una ropa tan marcada que según sus propios creadores está pensada para personas de «fuerte personalidad»?
–Pues sí. Pero yo creo que si alguien piensa demasiado en los riesgos acaba por no hacer nada. Además, fue una de esas cosas extrañas: me decidí de un día para otro y me fui con mi marido, Stephan, a conocer al mismísimo Vittorio Missoni. Estaba muy nerviosa porque le tenía mucho respeto a la marca.
–Y supongo que también porque la leyenda de los Missoni los sitúa como una familia tan creativa y maravillosa como excéntrica, ¿no?
–Bueno, yo con lo que me encontré fue con una familia muy italiana. Todos cercanos, simpáticos, inteligentes… Gente sensible y especial. Aunque al principio sólo conocí a Vittorio en su «showroom». Encontrarme con él y con toda la ropa de la colección expuesta en ese espacio decorado por ellos me parecía un sueño.
–Supongo que los Missoni no permiten que su marca se la quede cualquiera. ¿Tuvo que pasar un examen muy exhaustivo?
–¡Totalmente! Lo que pasa es que eran exámenes muy agradables, no sólo porque tenía que viajar a Milán para encontrarme con él –siempre en compañía de mi marido, que es el experto en finanzas–, sino porque las reuniones cada vez se desarrollaban en un sitio distinto, casi siempre en un restaurante, donde hablábamos del vino, de la comida, del mar.
–¿De todo menos de la empresa?
–Poco de la empresa, pero mucho de cómo podemos conocernos. Yo creo que Vittorio, y la familia en general, funcionan un poco como nosotros, en el sentido de que necesitan esa conexión para estar cómodos, naturalmente después de saber que tratan con gente que sabe algo de negocios. Teníamos que tener química y la tuvimos.
–Aunque en principio su contacto fue con Vittorio Missoni, siempre habla usted de «la familia».
-Bueno, es que después los fui conociendo a todos. A la hermana de Vittorio, Ángela, que es un genio y ya ayudaba a su madre en la concepción y creación de las colecciones de mujer cuando tenía 18 años; a Luca, que es el otro hermano y que siempre estuvo fascinado por las máquinas y todo lo que tenía que ver con la tecnología. Desde adolescente experimentaba realizando pedazos de tejido que después regalaba a sus amigas…Ahora los tres hermanos llevan la compañía internacionalmente. Incluso la hija de Ángela, Margherita, que fue actriz, ahora también trabaja en la compañía y es la imagen internacional de la marca.
–¿Ha llegado a convivir con ellos?
–Mucho. Hemos estado juntos en España, que a ellos, como a mí, también les encanta. La colección de la primavera pasada estaba inspirada en España. También en Cerdeña cenando con todas las generaciones. Incluso he recorrido durante horas un mercado de queso y de productos típicos con Ángela y con su madre, Rosita. Poseen muchos valores. Para ellos lo primero es la familia, pero también son muy listos, tienen un negocio enorme y trabajan mucho para cada día hacerlo crecer.
–Rosita Missoni, como Ottavio Missoni,  los patriarcas, son sin duda una absoluta leyenda en el mundo de la moda. Sus tejidos, sus colores, cuyas combinaciones el ex atleta y luego creador comparaba con la música, han sido alabados por todos los críticos internacionales. Supongo que sus hijos, que ahora llevan la marca, estarán muy encima de quiénes representan su ropa en el mundo como es su caso, ¿no?
–Lógicamente tenemos pautas. Como dices, nosotros estamos aquí representando a la marca Missoni y ellos que son quienes  quieren enseñar cómo son ellos y cómo es su ropa a todo el mundo. Por eso tenemos una oficina de Prensa y estamos en contacto constantemente.
–Lleva ya siete años llevando la marca de Missoni en España. ¡No sé si eligió el mejor momento para abrir un negocio en nuestro país!
–Abrimos casi cuando comenzó la crisis, «la cosa», como dicen en Sevilla. Pero no puedes pensar demasiado en eso. Estamos luchando como todo el mundo y ahora gasto mucho menos dinero en ropa, pero seguimos teniendo un producto de bastante calidad, con un precio correcto para la calidad que tiene, que sobre todo es muy auténtico.
–Y tal vez incluso una obra de arte. De hecho, el crítico Renato Cardazzo dijo en la presentación de una exposición de tapices realizados por Ottavio que Missoni no es una fábrica, no es un diseñador de moda, es simplemente un artista.
–Desde luego. Por eso cuando uno se compra un Missoni no sólo lleva algo especialmente reconocible, con ese estampado en zigzag tan característico, sino algo que es para toda la vida, que luego puede combinar con otra marcas más baratas, con un vaquero y una camiseta de Zara y seguirá siendo un Missoni. Yo creo mucho en la idea de mezclar.
–¿Es verdad que el sector del lujo ha sabido mantenerse por encima de la crisis?
–El lujo, si es de calidad y tiene clientes fieles, siempre va a tener su público.Pero Zara también lo tiene. Además, yo creo que ya es hora de dejar de hablar de la crisis para superarla. Hay que tratar de hacer las cosas lo mejor posible y de ver cómo podemos mejorar. Yo incluso creo que los tiempos de crisis son tiempos de oportunidades en los que debes pensar qué puedes hacer, qué puedes vender o qué puedes intentar.
–Alguien pensará que usted o su familia lo han tenido siempre más fácil.
–¿Ah sí? Pues mira, yo soy la más joven de cuatro chicas y un día, de la noche a la mañana, nos encontramos con que nuestra familia atravesaba una enorme crisis económica. Mi padre había hecho una apuesta financiera para un negocio que falló y nos quedamos sin nada. Mi abuela, como le sucede ahora aquí a tanta gente, fue quien nos ayudó a sobrevivir. Mi padre tuvo que cambiar de carrera y mi madre, por primera vez en su vida, tuvo que ponerse a trabajar fuera de casa, ¡a los 40 años! Se colocó de dependienta en una tienda de ropa, ¡y en cinco años se había convertido en la directora regional de la marca y su boutique era la que más vendía de toda la compañía! Aprendí una lección muy importante: que es posible no sólo sobrevivir a situaciones que parecen imposibles, sino, además, aprender, crecer profesionalmente y conseguir el éxito.

Personal e intransferible
Aunque Cavan Mahony no lo cuenta, su tienda de Missoni de Madrid es, junto con la de Londres (que también es suya), una de las que más vende de la marca en el mundo entero. La empresaria nació en Boston, pero desde luego parece tener el alma latina y no sólo porque también la familia (sobre todo su marido y su hijo) sean lo más importante para ella, sino porque le gusta el sol, el buen vino ¡y hasta bailar sevillanas! Sin embargo, su concepto de la empresa parece ser más bien anglosajón, aunque sólo sea por el hecho de que le gusta el riesgo, desea el éxito personal a su alrededor y piensa que siempre es posible reinventarse. Si algo la define es una de sus mejores frases: «Creo que la diferencia entre bueno y asombroso es la suma de todos los detalles».

La Razón

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