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Pistorius

Corre, corre, vuela. Cabalga sobre tus piernas de fibra de carbono y deja boquiabierto al mundo entero. Nadie pensará que tienes carencias, todos creerán que eres perfecto. Te lo creerás hasta tú, Pistorius. Y te equivocarás cuando sientas que si las cosas no salen como tú quieres, tienes derecho a cambiarlas por la fuerza… Nadie sospechaba que tras la disciplina y el afán de superación de uno de los atletas más relevantes de la historia, un hombre al que la falta de ambas piernas no consiguió dejar fuera de unos Juegos Olímpicos, se escondía un carácter incompatible con la adversidad. Ahora, tras la muerte de su novia, la rubísima «top model» Reeva Stenpkamp, la radiografía de Pistorius parece bien distinta.

Mientras se especula sobre si le pegó cuatro tiros a su chica cuando estaba sentada en el inodoro o si antes pudo golpearla con un bate de béisbol que la Policía ha encontrado ensangrentado en su casa, comienza a hablarse de algunos episodios oscuros de su vida, hasta ahora prácticamente desconocidos. Que si Pistorius era un obseso de las armas, que si en 2009 una chica de 19 años le acusó de agresión sexual, aunque el fiscal abandonara posteriormente los cargos, que si impidió a los fotógrafos que hicieran su trabajo cuando un amigo suyo atropelló y mató a un peatón por accidente alegando que él era Oscar Pistorius…

Parece que el «Blade Runner» real, el incuestionable héroe de las pistas de atletismo, podría no serlo tanto. Y parece también que hay que acostumbrarse a que hasta los héroes pueden tener un lado oscuro y terrible por mucho que sean excelsos deportistas y sus asombrosos méritos nos hagan imposible siquiera considerarlo.

La Razón

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