Menu
Menu

Testigo invisible

La historia está repleta de episodios no contados, de “grandes secretos que son como los hechizos, que se desvanecen cuando se cuentan”. Eso asegura Carmen Posadas por boca del protagonista de su última novela, Leonid Sednev, un deshollinador y más tarde pinche de cocina, que sirvió a la familia del último Zar, desde los días de esplendor de San Petesburgo hasta su muerte en Ekaterinburgo. Y lo cuenta él, porque como todos los sirvientes y más aún los criados (que no son la misma cosa, puesto que los criados ,como su propio nombre indica ,se crían en casa y tienen mayor estatus) fue testigo invisible de la vida de sus amos. Una vida en la que cupo desde el bienestar de un palacio hasta la tragedia de un fusilamiento, pasando por un largo encierro y por el desamor y más tarde el odio de casi todo un pueblo. La historia de la caída de los Romanov se ha contado mil veces, sí. Pero jamás desde los ojos de un niño que formó parte de ella, aunque al principio los protagonistas más señalados, ni siquiera advirtieran su presencia. Ese, tal vez, es el mayor de los regalos de este libro brillante, en el que Carmen Posadas va tirando abajo muchas hipótesis descabelladas desarrolladas alrededor de la familia imperial, como que alguno de ellos pudiera sobrevivir a la matanza, o como que Rasputín fuera un malvado invencible, al que resultó imposible matar envenenándole o a tiros. Posadas nos descubre que los artífices de su muerte, bastante convencional, en realidad, fueron los Servicios Secretos Británicos y que su maldad no era otra más que la de haber conseguido, gracias a sus supuestas facultades adivinatorios, el favor de la Zarina que toda la vida se sintió culpable de haber transmitido a su hijo, Alexei la enfermedad de la hemofilia. Por si tales datos no fueran suficientes para hacer caer el mito, la escritora demuestra que la famosa verga que se adjudica al gigante, no pudo ser de ninguna manera aquella de 30 centímetros e igualmente nos revela a través del helador documento de su verdugo la terrible muerte de toda la familia imperial en Ekaterimburgo, dejando al descubierto que cuantos se hicieron pasar por ellos posteriormente, fueron unos completos impostores. Son algunas de las pinceladas de esta obra trepidante en la que su autora salta de la magnificencia de los palacios al hambre del pueblo, a través de unas descripciones maestras de los brillos y las miserias de una convulsa etapa de la historia del pueblo ruso. Su título, “Testigo invisible. Imprescindible.

La Gaceta de Salamanca

Back to Blog

Comments

Deja un comentario

Back to Blog