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«La comodidad no está reñida con la estética»

castilloLorenzo Castillo. Decorador y anticuario.

Acceder a la casa-estudio de Lorenzo Castillo es una aventura. En pleno centro de Madrid, tras un inmenso portón de madera, se esconde un universo luminoso e interminable, repleto de cientos de objetos diferentes, de distintas épocas, que configuran un espacio mágico, cargado de personalidad. No es raro; pertenece a uno de nuestros mejores decoradores, quizá el más internacional. Y quizá también, el que más presume de crear un «estilo de decoración español».

–Cuatro años consecutivos figurando entre los 80 mejores decoradores del mundo según la prestigiosa revista «AD Francia» ¿cuál es el secreto?

–Pues supongo que trabajar en cada proyecto pensando que es único. Eso exige mucha dedicación, pero el cliente lo agradece y el éxito en el trabajo es la satisfacción de éste. Lo de la Prensa y todo eso viene después.

–¿El reconocimiento siempre es producto de un buen trabajo?

–Yo creo que sí, porque si no eres un «bluf». Y lo digo porque hay mucho profesional muy mediático que luego no tiene un respaldo. Nosotros salimos mucho en la Prensa, sí, pero es consecuencia de nuestro trabajo. Y salir por ejemplo en el «AD Francia» es excepcional, porque esa revista es como la Biblia en el mundo de la decoración. Estar en esa lista de los 80 mejores profesionales del mundo es muy importante e implica que algo tiene que haber sido hecho realmente bien.

–Supongo que será especialmente gratificante conseguir ese reconocimiento internacional, decorando siempre con un toque español, que es lo que usted hace. Un ejemplo es el restaurante londinense Hispania que acaba de terminar ¿no?

–Desde luego. Y, curiosamente, el primer sitio donde va a salir publicado ese trabajo va a ser en el «ELLE Decor» americano, que es la revista de decoración internacional más importante que hay. Los americanos han sido los primeros en interesarse por él. En la entrevista que me hicieron me preguntaron mucho sobre cuánto de español tenía mi trabajo y yo creo que lo que quiero intentar hacer a partir de ahora es desarrollar ese españolismo en mi trabajo, conseguir que haya un estilo de decoración español, igual que hay un estilo de decoración francés, sueco, belga, inglés o americano… Creo que en Londres nos ha salido bien.

–¿También está poniendo en práctica ese estilo de decoración español en los hoteles que está decorando en Florencia?

–De alguna manera sí. Lo que pasa es que en Florencia hay una influencia grande de la propia ciudad, en la que existe una escuela de decoración y de arte importantísima. Ahí la raíz española es menor, porque tienes que aprovechar ese aire florentino y renacentista maravilloso de colores, telas… Pero aún así, también se nota que soy yo y que soy español.

–Dice que se nota que es usted, pero sus decoraciones son tan diferentes que a veces parece que las hacen personas distintas.

–La directora de «AD España», Montse Cuesta, cuando le llevé a ver la decoración de la tienda Ecoalf, me decía que le parecía alucinante lo que me adaptaba a cada cliente, pero es que hay que adaptarse a cada cliente. Él te pide algo y tú luego lo desarrollas. No se trata de quedar reducido a una corriente estética, sino que igual que te gusta la pintura religiosa del siglo XII también te puede gustar la pintura contemporánea. Y lo mismo ocurre en la decoración: no puede ser igual la del hotel Santo Mauro de Madrid, que es un palacio del siglo XIX redecorado para convertirse en un hotel de cinco estrellas de super lujo, que la de Ecoalf, que es una tienda de productos ecológicos, en la que hay que dar una imagen joven, limpia, fresca y natural.

–Y sin telas. ¡Con lo que le gustan a usted…!

–Bueno es que las telas ayudan a cambiarlo todo de una manera rápida y que no resulta cara. Además, a mí me divierte especialmente jugar con ellas. Creo que lo de las telas es como lo de la moda. Yo estaría cambiándolas todos los días. Me gustan tanto que incluso diseñé una colección de telas para Gastón y Daniela, y es la primera vez que lo hace un decorador español.

–Dice que cambiando las telas cambia la decoración ¿hay algún otro truco para redecorar sin gastar mucho dinero?

–Pues lo primero es, simplemente, cambiar las cosas de sitio. Así ya le das cierto aire; pero lo más importante, además de las telas, es el uso de la iluminación. Y a mí me gusta también utilizar espejos.

–Usted suele decir que es decorador y anticuario porque le encantan las antigüedades…, pero no todos nos las podemos permitir…

–Yo creo que hay antigüedades para todos los niveles económicos. Tienes cosas carísimas y otras que no son nada caras. Yo por ejemplo voy al rastro entre semana o los domingos por la mañana y encuentro verdaderas maravillas. Siempre compro cosas, de 50 euros, de 100… Las antigüedades no son caras, hay que saber comprarlas y educar el ojo para saber diferenciar entre lo que es viejo y lo que es antiguo.

–Y en cuanto a los colores ¿Cuáles hay que elegir para agrandar los espacios pequeños?

–La gente piensa que los colores claros dan mayor amplitud y es al revés. En los espacios pequeños y donde no hay mucha luz los colores oscuros ayudan a que parezcan más grandes…¡De eso hay que convencer a los clientes porque cuando se lo dices no se lo creen!

–Yo creo que mucha gente no recurre a ustedes porque piensa que son muy caros…

–Pues nada de eso.

–¡Pero si decora hoteles de lujo!

–Ya, pero también decoramos pisos de 100 metros en Chamberí y estamos encantados de hacerlo. ¡Ojalá me salieran más obras pequeñitas de esas que a veces no surgen porque la gente se asusta, porque cree que sólo haces palacios!

–Cuando decora un espacio, ¿piensa en las personas que van a vivir en él o sólo en el propio espacio?

–En ambas cosas. Desde luego, no puedes hacer un proyecto por maravilloso que sea sin contar con las características de las personas que van a vivir en él. Si es una familia, una pareja soltera sin hijos… Tienes que adaptarlo según sean las circunstancias.

–¿Y qué va primero, la estética o la comodidad?

–La comodidad. Pero es que no tiene que estar reñida con la estética.

–A veces en las casas de los arquitectos sí…

–Es que los arquitectos, precisamente, son los que hacen las casas más irreales y más invivibles. Por eso existen los decoradores, creo yo.

Personal e intransferible

Lorenzo Castillo nació en Madrid (1968), aunque le tira Asturias. Sobre todo Ribadesella, donde tiene la casa de verano. Cosas del origen y del amor. Porque casado no está, pero enamorado, sí, y mucho. Es un hombre tímido pero decidido, que anda muy rápido, asegura que «voy siempre diez pasos por delante de la persona con la que voy», jura no revisar la decoración de las casas de sus amigos «e intento que no me pregunten», afirma, y adora el Renacimiento: «Si volviera a nacer –asegura– me encantaría que me tocara esa época».

La Razón

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