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Minutos de gloria 2.0

En la era del ‘no nos rocemos’ más que virtualmente y ‘no nos hablemos’ en más de 140 caracteres, una fan de Justin Bieber va y cuelga en Twitter una foto del cantante canadiense tocándole explícitamente un pecho. Es decir, metiéndole mano a conciencia, delante del mundo entero. Más allá de la provocación de la imagen, que casi parece parte del espectáculo que acompaña generalmente a los cantantes más aclamados del planeta (nadie olvida el famoso beso que compartieron Madonna y Britney Spears, o el trasero al aire con el que promocionó su disco Born this way Lady Gaga), lo que llama la atención es la cara complaciente de la chiquilla, con lazo y todo, a la que parece que esa mano de Bieber, posada sobre su seno adolescente, acaba de convertir en la mujer más deseada del universo. Así de explosivamente popular debió de sentirse ella, cuando otras muchas fans del exnovio de Selena Gómez comentaron, tras ver la foto: “Yo quiero ser como Jocelyn”. O lo que es lo mismo: “Ojalá que Justin me tocara una teta a mí”. Una, que nunca ha sido nada mitómana y entiende más bien poco eso de dejarse hacer por un desconocido, por muy bien que cante, que no es el caso, comprende mal el asunto. Pero sobre todo lo desprecia un poco. Y no precisamente por puritanismo o mojigatería barata ni por creer que el asunto sea un escándalo a sumar a tantos otros, sino por la descarada manera en que utilizan las estrellas, sobre todo masculinas, la frágil candidez de sus seguidoras. Concretamente esta, justificó lo injustificable diciendo: “La gente puede pensar lo que quiera, pero sólo yo sé realmente lo que pasó y Justin Bieber también, así que las opiniones de las demás no me importan”.

Sin embargo, ya al borde de decir lo de ‘pobrecilla, se habrá creído tal vez que incluso se produjo cierta complicidad entre ella y el cantante que manoseo su pecho’, una piensa, de pronto, que la tal Jocelyn, que lo más especial que tiene de este lado del Atlántico es el nombre, probablemente no vaya a tener un minuto de gloria igual en toda su existencia, ni se vaya a sentir tan especial como en el día de ese tocamiento jamás. Y si es así, ¿quién soy yo o cualquier otra persona, para robarle el placer inigualable de sentirse públicamente admirada, al menos una vez en la vida?

Grazia

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