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María Teresa Campos: «Las tertulias políticas empezaron en mi programa de las mañanas»

camposNo sabe ni cuántas horas de televisión lleva a la espalda. La leyenda dice que ha hecho más de 30.000 entrevistas y que de ellas la que más le emocionó no fue a ningún personaje popular ni destacado, sino a una afectada de la colza. Y eso que a su lado se han sentado las personalidades más grandes de todos los ámbitos y lo siguen haciendo, aunque haya cambiado de horario. Precisamente ahora, en «Qué tiempo tan feliz», anda esperando a Serrat y a Alejandro Sanz. «Alejandro siempre dice que la primera vez que salió en televisión fue en un programa mío». Pues por todo eso y por tantas cosas más, ese pasado «annus horibilis» para María Teresa Campos en el que enfermó su hija Terelu y falleció su gran amigo Paco Valladares, quedará señalado para esta grandísima comunicadora con un premio que le concedemos sus compañeros, el premio Iris Toda una vida 2012.

–Enhorabuena. Es el máximo galardón que otorga la Academia de Televisión. Le tocaba…

–Pues no sé, supongo que eso han pensado los que me lo han dado y les estoy agradecida; sobre todo, porque hay personas que creen que les toca y no se lo dan. Estoy muy contenta.

–En realidad, casi no ha tenido más que reconocimientos a lo largo de su vida profesional.

–Desde luego creo que sería injusto que yo me quejara. Tengo 2 Ondas, no tengo 20 TPs, pero sí 2, 2 premios Meridiana de la defensa de la mujer, la Medalla de Oro de Andalucía, la Antena de Oro, el Micrófono de Oro, dos Micrófonos de la Asociación de Periodistas Internacionales, el premio Naranja, el premio Papagayo al libro más vendido, el premio Júbilo, el Clara Campoamor, del que me siento especialmente orgullosa… O sea, cómo voy yo a quejarme, no me puedo quejar de nada.

–No lo diga muy alto, que este es el país de la envidia.

–Sí, bueno. Pero eso siempre lo sientes. Mis hijas no me dejan que entre en lo de las redes, porque dicen: «Mamá, a ti te dicen cosas maravillosas, pero como haya uno que diga algo que no te gusta…». Hombre, claro, es que si uno me dice «vete ya, momia» (ríe), pues me cabreo, aunque sea uno.

Ya decía yo que me extrañaba que no estuviera usted en las redes sociales.

–Eso de las redes está muy bien. Sirve para comunicarse mucho y para tener más opinión, pero yo con lo que estoy en desacuerdo es con que ahora todo el mundo sea crítico de todo, de cine, de televisión, de teatro… Y entonces, aunque sirve de cauce para personas maravillosas y a mí me gusta mucho leerlas, también es el cauce de resentidos, de los antiguos anónimos que son, a veces, bastante ignorantes. Siempre digo que acepto todas las críticas de la gente que me ha visto, que se ha preocupado de lo que he hecho y de cómo lo he hecho…, pero el prejuicio de quienes se inventa un personaje que no soy en realidad y critica cosas que no son verdad, no.

–¿Como lo de que hacía un programa «para mujeres»?

–Eso se decía,cuando hacía el programa por las mañanas, pero ahí empezaron las tertulias políticas que ahora hace todo el mundo. Y cuando venía algún intelectual, era porque la editorial le comentaba: «Tienes que ir al programa de la Campos, porque vende muchos libros». Venía con prevención y al final se convertía en gente amiga y se iba diciendo que había descubierto a una persona que no conocía. Está mal que yo lo diga, pero es así.

–Desde luego, yo he visto a muchos intelectuales presumir de su amistad.

–Entre los lujos que tengo en la vida es que Montserrat Caballé y su marido digan «es de casa», o que me haya querido muchísimo gente como Terenci Moix y Cela, que me reclamaba para sus tertulias. Tengo el lujo de haberme sentado con los más grandes.

–¿Y cuál ha sido el mejor momento de su carrera?

–Pues seguramente cuando me dieron el segundo Ondas. Al recogerlo recordé cuando me dieron el primero y eso para mí fue muy importante porque me lo otorgaron estando en Málaga, lo cual no es muy normal… Luego el de la televisión se me resistió más y fue por algo que no olvidaré, que era dignificar la televisión popular. Fue un gran momento mío, personal y profesional.

–Dignificar la tele… Yo no se cómo está la tele de dignidad, pero de jueces de concursantes sin piedad, llena.

–Yo respeto lo que haga cada uno, pero lo que no admito de ninguna manera es la humillación. Yo jamás, jamás, he querido humillar a nadie. Y, si lo he hecho, pido perdón. Una cosa es que tú te pelees con alguien y otra cosa, humillar a la gente.

–Usted es cuidadosa, hasta cuando se convierte en la «Princesa Letizia» y contesta a casi todo lo que ella no puede en un libro, ¿no?

–Me divertí muchísimo escribiendo. De todos los míos es con el que más me he divertido. Y yo estoy ya para divertirme.

–No me extraña, porque ha dicho de todo por boca de la Princesa: que sin el apoyo de la Reina no se hubiera podido casar, que si no le gustaba ir en el «dichoso barquito» o que si por qué tenía que esquiar; que si el Príncipe agradecía el apoyo de su hermana Cristina al principio de su relación, pero que Letizia creía que la Familia Real tenían que ser sólo los Reyes, ellos y sus hijas y que a ella, que se llevaba muy mal con el Rey…

–Fíjate que yo en eso último he estado hasta discreta. Hoy puedo estarlo menos y decirte que estoy convencida de que el Rey no la soporta.

–Pero, vamos a ver, ¿su libro «Princesa Letizia» es contra la Monarquía?

–Yo no lo he hecho en contra de la Monarquía, porque a mí ella no me cae mal. Yo creo que es un libro que hay que tomarlo con sentido del humor porque, naturalmente, los diálogos te los tienes que inventar. Como he dicho: es una historia ficticia basada en hechos reales.

–¿Y qué le parece que ahora el primo de la Princesa quiera contar sus intimidades de antes de serlo en un libro?

–Que es un indeseable y un oportunista.

–Dígame, ¿sabe si le ha gustado el libro a la Princesa?

–No se lo he preguntado ni lo haré, porque sé que eso no se debe hacer. Pero si hay una persona que la conoce mucho y me ha dicho: «Hay cosas en las que la has calcado».

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

María Teresa está guapísima. Cuando le digo que hasta el cáncer le ha sentado bien se ríe y me dice: «Mira acabo de tener una gripe malísima y por lo menos en 15 años no he sabido lo que era una; pues justo ahora que me la cojo me dicen: “Teresa te he visto en la tele guapísima, pero guapísima…” Debe de ser que lo malo me cae bien». Teresa le echa humor a todo. Hasta a esa enfermedad que han sufrido ella y sus hijas. Aunque eso no signifique que no le asuste. De ahí muchas de sus supersticiones. Terelu, que es muy diferente a ella en eso, le decía: «Mamá, déjate ya de tonterías, ¿eh? Que porque te seques de una manera o de otra a mí no me va a pasar nada». Ahora que ya está bien, dice que ya empieza a quitarse esas cosas.

La Razón

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