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No pasa nada

Entre tantos dimes y diretes sobre las verdades y mentiras de Bárcenas y también como no, sobre las del PP, han quedado transcritos unos mensajes de móvil en un periódico, sobre los que cada cual, según sus intereses,  opina de distinta manera. “Demuestran que Rajoy  no aceptó el chantaje” dice el Gobierno, “demuestran la amistad de Presidente con el ex tesorero de su partido cuando ya se conocían sus delitos”, aseguran desde la oposición. El caso es que ni prueban, ni confirman, ni desmienten. O lo que es lo mismo no sirven para que este asunto se esclarezca como corresponde, ni para que nadie acepte sus responsabilidades o las niegue categóricamente… Valdrán, sí, para que se vendan más periódicos, se rellenen más horas de tertulias y se alimenten las indignaciones de la gente…, pero poco más. Dirán ustedes que estoy muy escéptica pero, que quieren, como para no estarlo en un país como el nuestro donde pase lo que pase, parece que no pasa nada. Y no lo digo sólo por este momento que ahora vivimos, sino por el recuerdo de otros muchos que atravesamos en pasados tiempos de crisis. La corrupción probada de antaño, no evitó que González volviera a ser reelegido. Y la corrupción probada de ahora, no creo que le arrebatara el poder a los populares si se convocaran elecciones. En España se vota a un partido o a otro, casi por descontento con el contrario. Las masas se mueven buscando la esperanza en el otro lado, mucho tiempo después de que el suyo les haya decepcionado. Lo más grave del caso, es que, a veces, los que decepcionan no son todos los miembros del partido en el poder, sino uno solo, o dos o tres…, pero da igual, porque los ciudadanos sabemos que, a la hora de elegir, nos van a poner un lote completo del que no podemos tachar a aquellos en quienes no confiamos. Si hubiera listas abiertas, seguramente no habría tantos políticos que se creyeran dueños de sus escaños. Incluso habría algunos que se lo pensarían dos veces antes de intentar dedicarse a la política. Pero no tenemos listas abiertas. Y así nos va. Y ya que me pongo, diré que esto de los sms, que finalmente no servirá ni para bien ni para mal, sí que constata la propia inseguridad de nuestros intimidad y de nuestra ley. ¿No había un artículo (el 197), que amparaba la privacidad de todos nuestros escritos e imágenes? ¿No estaba penalizado mostrarlos públicamente? Pues si se pueden enseñar los del presidente del gobierno sin que nada suceda, imagínense los suyos o los míos.

La Gaceta de Salamanca

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