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Deportes de riesgo

Álvaro Bultó se ha ido. Nos ha dejado. Seguramente nunca pensó que su final sería como fue, pero si era consciente del enorme riesgo que corría en muchas ocasiones. “Quien evita la ocasión, evita el peligro”, dice el refrán y es cierto. Pero tal vez era la hora de Álvaro y se hubiera ido igual si hubiese estado sentando en una mecedora en su casa que surcando los cielos en wingfly. Quién sabe. Es posible que esté todo escrito. Incluso que hay quien puede y hasta debe vivir con más intensidad y liberando más adrenalina que otros. Sin embargo, ahora que recuerdo a Álvaro en estas líneas y su pasión por el deporte de riesgo y la aventura, no puedo olvidarme de que, en una entrevista, me aseguró que él creía que solo era bueno el riesgo controlado, aunque, visto lo sucedido, el control nunca sea total. Lo de Álvaro fue un accidente o tal vez simplemente su hora…Lo de otros muchos es que casi lo buscan hasta que lo encuentran. Este verano me he encontrado con muchos amigos y más desconocidos que, entrados ya en las edades de riesgo, creen que pueden practicar todos los deportes igual que sus hijos y a veces que sus nietos. Está claro que no suelen emular a Álvaro Bultó, ni se atreven a subirse a las alturas, o tirarse por los acantilados, pero no dudan en lanzarse a la carretera a correr sin medida, por ejemplo, y a dejarse las articulaciones y, a veces hasta el corazón en el asfalto. Se creen que sus fibras musculares están igual a los veinte que a los sesenta y se arrojan a las pistas de paddle con tal ímpetu que se las hacen añicos o se destrozan el tendón de Aquiles o se trituran las rodillas. En general (a veces sí), no se juegan la vida, pero sí el bienestar y la salud. A partir de determinadas edades, el ejercicio es muy recomendable, pero ciertos deportes, por mucho que no lo parezcan, se convierten en las proezas más arriesgadas. Sobre todo, porque no todo el mundo llega a las edades más avanzadas con la misma forma física y no todo el mundo puede pretender hacer triatlones pasados los 40, por mucho que haya quien los hace hasta los 80. Para Álvaro Bultó, un deporte de riesgo, el que le costó la vida a sus 51 años, era el wingfly. Para otras muchas personas de vida menos deportiva, una mala carrera, sin cuidar la dieta y sin dejar de beber y fumar puede resultar fatal. Aceptemos las limitaciones. Sobre todo, porque por mucho que nos empeñemos son muy diferentes para cada cual.

La Gaceta de Salamanca

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