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Juan Antonio Simarro: «En la música tenemos hoy más oportunidades que nunca»

Ser músico no está de moda. Ya no se reconoce como antes. Y tampoco se paga como antes. Pero quien lleva el veneno en la sangre difícilmente puede abandonar esa vocación que requiere un talento especialísimo que se puede cultivar, pero con el que se ha de nacer. A Simarro, el don le viene de fábrica «aunque nunca dejo de estudiar, de trabajar y de pensar en mis melodías a todas horas: cuando estoy paseando, antes de dormir…». Por eso, aunque su nombre aún no se haya quedado en la memoria de todos, en el sector se aplauden sus cualidades y cada uno de sus éxitos desde hace muchos años. Y no es para menos, si se tiene en cuenta su frenética actividad. En las próximas semanas, por ejemplo, su música sinfónica será interpretada por él o por diversas orquestas de todo el mundo en distintos lugares del planeta; además se estrenará la película «Diamantes negros», de Miguel Alcantud, cuya banda sonora original, dirigida por él, ha sido galardonada con el premio del público del Festival de Málaga; también verá la luz la obra de Microteatro en 3 actos «Sr .presidente», cuya música es suya; se concluirá un proyecto digital que presentará el propio Simarro dentro de unos meses y para el que está grabando con diversos intérpretes (violinistas y violonchelistas) alrededor del mundo y una musicóloga ucraniana comenzará un doctorado sobre sus composiciones, para el que le ha pedido su colaboración. Y todo, sin dejar de componer alguna sintonía para la televisión y sin parar de promocionar su último y milagroso CD, titulado «Bipolares, más o menos», en el que cantan canciones pop artistas ya consagrados y cuyo tema de presentación (How can I say how much I love you)interpreta él mismo junto con la actriz y cantante Lluvia Rojo. A más de uno le sorprendió verle dando la cara y la voz en este trabajo, en vez de saberle oculto tras las notas musicales.

Desde música clásica hasta pop

¿Necesitaba hacerse más presente Simarro? «Durante años he hecho música para otros y pensé que debía parar. Y como sobre todo ahora me dedico a componer, dirigir y tocar con orquesta sinfónica, que es lo que me gusta y mi carrera a largo plazo, pero soy un chico de 39 años, pensé que una forma de divertirme era hacer algo de música pop e interpretarla con otros, porque no soy un gran cantante» . Verdaderamente ha sido mucho tiempo produciendo discos para artistas tan reconocidos como el Dúo Dinámico, Bertín Osborne , José Vélez o el mismísimo Julio Iglesias; haciendo arreglos musicales de programas de televisión como Popstars , el programa de Ana Rosa, Dónde estás corazón, Noche de fiesta, Sabor a ti o de la imagen corporativa de los 50 años de TVE; trabajando en Bandas Sonoras Originales de películas como «New Dominican Yorker» de Daniel Melguiz, «The land of the Lapping Death» u «Obsesión 42.195» de Roberto Carrasco o componiendo la música de cortometrajes como «La Salchicha» o «El niño de Alambre».

Al borde de la cuarentena, nadie le supondría una carrera tan larga, pero es que lleva desde los13 años en la música. Nunca se ha dedicado a otra cosa, por mucho que en su casa, donde no había antecedentes musicales, al principio no se lo tomaran muy en serio. «Mi padre, pese a que siempre ha cantado muy bien y tiene mucha musicalidad, decía eso de: “Bueno, vale lo de la música, pero estudia otra carrera y luego ya vamos viendo…”». Pero no hay recomendación paterna que valga cuando el empeño es total y se sabe lo que se quiere. Y además, el hueco que eligió para entrar después de estudiar solfeo, conjunto coral, historia de la música, violonchelo, piano, armonía, armonía contemporánea, improvisación y jazz, parecía más seguro y desde luego bastante rentable: música para tele, para cine, para teatro… «Si, sí. De todo. Es que a mí en la música me gusta abarcar todo tipo de cosas. Si sólo hiciera clásico me aburriría. Me han llamado a veces para decirme que necesitaban una sintonía para un cielo azul…Y entonces yo miro el cielo y…». La diversificación no parece mal camino en estos tiempos de piratería que, según dicen, hace que no sea el mejor momento para elegir la música como carrera, pero Juan Antonio Simarro discrepa: «Muchos creen que es el peor momento, pero yo pienso que tenemos más oportunidades que nunca. Ahora cualquier persona, en cualquier pueblecito puede hacer una canción que tenga algo, colgarlo en YouTube y darlo a conocer. Es verdad que venderlo es más difícil, pero incluso se puede conseguir sacar beneficio. Lo que ha desaparecido es la venta de discos…,pero, como muchos mercados, han ido evolucionando a lo largo de la historia. Hay que adaptarse». Le veo con los ojos tan brillantes y tan entusiasmado que entiendo que él ya sabe cómo hacerlo. «Pues sí. Ahora yo ya no sacaré CDs, sino que tengo una idea preparada, que es la de sacar un USB en el que viene información, enlaces de videos…, todo lo que tú quieres. Y Luego, si se deja de utilizar el contenido, pues lo borras y usas el USB para lo que te apetezca» Este hombre es un portento. Músico, compositor, intérprete… ¡Hasta piensa en el soporte musical! «Pero lo que más me gusta es la parte creativa ¿eh? Componer. De hecho, cuando estudiaba “El claro de Luna” de Beethoven con mi profesor ya le decía que por qué no cambiábamos este acorde de aquí y poníamos el otro en otro lado…El me contestaba que siguiera estudiando, claro».

Personal e intransferible

Juan Antonio Simarro parece más joven de lo que es. Por eso sorprende tanto su extenso currículo y su experiencia. Pero es que es un hombre lleno de ideas. Entre ellas, la de acercar la música clásica a la gente joven «adaptándome a las nuevas armonías y a su lenguaje y componiendo obra que duren 4 ó 5 minutos en vez de 7, porque ahora todo va muy rápido». Más allá de su pasión por la música, que compone «con agua fría y jamoncito serrano», y es inagotable, Juan Antonio habla de pocas cosas: de sus hijos a los que adora, de alguna lectura de la que olvida el nombre del autor porque tiene un nombre muy raro… Y luego vuelve a la música. A la de cualquiera. Aunque habrá músicos mejores que otros. Le pregunto que cuál es el mejor para él y no duda: «Bach. A mí es el que más me gusta».

La Razón

 

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