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No seamos cómplices…

Ayer fue el día internacional contra la trata. Por si alguien aún no lo sabe, la trata es la esclavitud del siglo XXI. La que padecen infinidad de mujeres en todo el mundo, cada vez más jóvenes, y cuyas vidas cada vez valen menos.  Sus ansias de salir de la pobreza, de acceder a un mundo que les permita salvar a sus familias y salvarse a ellas mismas de esa miseria que les va cerrando la vida, poco a poco, las aboca a un universo despiadado de prostitución y malos tratos, al que llegan generalmente engañadas. ¡Es tan fácil alimentar las esperanzas de los que no tienen nada! Muchas mujeres salen de los diferentes puntos del globo en los que viven hacia otros destinos donde, supuestamente, tendrán un trabajo con el que ayudar a los suyos y salir adelante. Las prometen tantas cosas que ni siquiera son capaces de dudar ante unas perspectivas tan halagüeñas. Trabajos de modelos, de actrices o incluso de limpiadoras, pero con buenos sueldos, papeles oficiales, comodidades y protección. Abandonan sus países sonriendo y sin saber cuántas lágrimas les esperan a su llegada. Aterrizan en una realidad inhóspita en la que no cabe legalidad ninguna. Las quitan sus documentaciones, las cuentan que tienen una deuda por el viaje que tendrán que saldar y las amenazan con hacer daño a sus familias en el caso de que pidan ayuda o denuncien…Luego las encierran, las obligan a pintarse los ojos, a subirse a los tacones de aguja y a ejercer la prostitución. Las que se niegan son golpeadas. Las demás, casi siempre, también. Los “amos”  pegan en cualquier caso para someter, para que el horror sea tal que lleve a la inmovilidad. Pero también pegan los clientes. Y eso que, muchos de ellos, en sus vidas diarias, pasan por ser hombres intachables, con familias perfectas y trabajos reconocidos. Eso sí, su manera de golpear no es necesariamente la bofetada física. Hay otras formas de pegar, como la de hacer ver a la mujer esclava, que no le importa que lo sea y que no hará nada por ella, por más que sepa de su esclavitud.  Nuestras carreteras están llenas de luces rojas. Muchos periódicos y revistas publican anuncios… Y todos sabemos que esta es la esclavitud de nuestro tiempo. La misma que sólo en nuestro país genera cinco millones de euros al día y que es el tercer gran negocio del mundo después del el tráfico de armas y las drogas. No seamos cómplices. Todos contra la trata.

La Gaceta de Salamanca

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