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Marta Robles, pluma sin sufijos

Noelia Jiménez • Dar el salto de plumilla a pluma es el sueño de casi cualquier periodista. Dime en qué medio trabajas y te diré qué tipo de escritor frustrado eres, vaya. Hay algunos a los que la suerte les viene a ver en forma de contrato sorpresa porque salen en la tele y su firma es sinónimo de superventas; otros, en cambio, se van forjando su solapa, a la chita callando, echándole horas a la tecla de madrugada, cuando aún no se han puesto las calles, y esperando que, llegado el momento, los pesos pesados del mundillo literario acrediten que pueden prescindir del diminutivo en su tarjeta de visita.

Marta Robles pertenece al segundo de los casos. Después de publicar varios libros de no ficción, la periodista ha entrado por la puerta grande en el panorama literario con su novela Luisa y los espejos (Ed. Planeta), ganadora del Premio de Novela Fernando Lara 2013. Dicen de estas casi 500 páginas que conforman una historia bien estructurada, sagaz y casi adictiva, protagonizadas por dos mujeres marcadas por el mismo nombre (Luisa) y por dos historias con paralelismos, marcadas por la búsqueda de la identidad, en dos momentos históricos bien distintos. Como explica la autora, “la Luisa del presente (la de ficción) es, de alguna manera, el reflejo en este tiempo de Luisa Casati (que existió en realidad). El juego entre el paralelismo de ambas mujeres es constante a lo largo del relato, así que me pareció especialmente interesante que las dos se llamaran igual”.

- La historia de Luisa Casati transcurre en la Belle Époque. Si hubieras vivido entonces, ¿quién te habría gustado ser?
- Si yo hubiese vivido en aquella época hubiera preferido ser Gabriele D’Annunzio, el príncipe de la decadencia, el hombre que no solo conquistó a la Marchesa Casati sino a medio mundo y cuya literatura me parece repleta de sensibilidad.

– De todos los hombres con los que está Luisa, ¿a quién te habría gustado conquistar? ¿Y en brazos de quién no habrías querido caer nunca?
- De los hombres de Luisa Casati me habría gustado conquistar a D’Annunzio, claro, pero sobre todo a Augustus John, “el hombre que pintaba como Dios”. Me gustaba su pintura y su carácter. Y no hubiera querido caer jamás en los brazos del Marqués Casati de Soncino, que me parecía un hombre aburridísimo.

- La Luisa de hoy es una mujer con la vida resuelta pero vacía. ¿Te has encontrado muchas Luisas por el mundo?
- Es una mujer que vive una vida confortable y tranquila…, pero ella no ha triunfado en nada, porque debido a alguna circunstancia que no puedo desvelar, no ha sido fiel ni a sí misma, ni a sus propios sueños. Hay millones de Luisas Aldazábal por el mundo, sí. Lo que pasa es que a veces lo son por decisión propia y otras lo son porque la vida les aboca a serlo. Si lo han elegido ellas suelen ser más felices que si no les ha quedado otro remedio. La vida es una ley de compensaciones y cada cual debe saber lo que le compensa y lo que no.

- ¿Has sido tú alguna vez ese tipo de mujer?
- Yo nunca he sido Luisa Aldazábal. Nunca me he quedado atrapada en una vida cómoda, ni creo que pudiera. Siempre he perseguido mis sueños, aunque hacerlo me obligara a renunciar a una vida más segura.

-Si Madrid te Marta, ¿qué te inspira Venecia, uno de los escenarios de la novela?
-Venecia también me Marta. Me Marta muchísimo. Precisamente por eso cada vez la conozco más y mejor. De hecho en la novela se recoge el ambiente de la Venecia de la Belle Époque en la que “reinaba” Luisa Casati, pero también aparece el reflejo de la Venecia actual e incluso algún recorrido para repetir. Tengo una buena agenda de Venecia.

-¿Te pones muchas máscaras en tu vida diaria, como Casati?
-Todos nos ponemos máscaras en nuestra vida diaria. Hay una escena en el Calígula de Albert Camus en la que se refleja bien que las máscaras existen hasta entre los más cercanos.

-Ponte en modo periodista y piensa que tienes que hablar sobre tu novela como si no la hubieras escrito. ¿Qué dirías de ella?
-Diría que es una novela apasionante en la que se descubre a un personaje real, como es Luisa Casati, y se viven intensamente las emociones de una mujer que no se quiere resignar con el destino que un día ella misma eligió. Y diría también que se trata de un relato repleto de sorpresas, de pasión por vivir y de pasión por el arte que no deja indiferente a ningún lector.

-¿Tienes más vocación de periodista o de escritora?
-Yo siempre quise ser escritora. Desde pequeñita. Pero lo cierto es que llevo ejerciendo como periodista toda la vida y también me siento periodista. Soy ambas cosas, aunque probablemente, con el paso del tiempo acabe siendo más escritora que periodista.

Diario Crítico

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