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Pendientes del reloj

Mañana cambia el horario. A las tres serán las dos. Una que lleva toda la vida viviendo esta circunstancia,  resulta que ahora tiene que empezar a preocuparse de lo que le  afecta a la salud. Pues oigan, si me ha perjudicado durante tanto tiempo, les juro que no me he enterado. Dicen los expertos que nos correspondería el horario de Portugal, que dormimos menos que el resto de los europeos y que deberíamos cambiar nuestros relojes y acondicionarlos a las horas que nos corresponden. Y será verdad. Pero a lo largo de mi vida no lo he sentido. Ahora empiezo a preguntarme si estaría mejor si hubiera dormido más o en otro horario, por más que no haya percibido nocivamente otros vaivenes del tiempo mas que los de cambiar de hemisferio en pocas horas o los de los horarios matadores de esta profesión.  Porque el jet lag atonta, pero tener que levantarse a las cuatro de la mañana para incorporarse a un horario televisivo o terminar de trabajar a las cinco en un horario radiofónico, directamente asesina. Me parece correctísimo que ahora nos preocupemos por esas horas de más y de menos que nos obligan a cambiar en el reloj; pero lo cierto es que son pocos y muy privilegiados los que pueden llevar una existencia tan ordenada como para dormir las horas que corresponden y justo cuando las tienen que dormir. Porque cuando no es el trabajo son los hijos  o los ronquidos conyugales o los ruidos del vecino o la luz que entra a destiempo por la ventana…Casi nunca existe el sueño perfecto que tal vez sólo lograríamos si, cambios horarios aparte, no tuviéramos que estar pendientes del reloj.

La Razón

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