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Xavier Gabriel: “Perdemos el tiempo sacando a pasear una bandera”

Dicen que a Xavier Gabriel le han hecho seis mil entrevistas, así que una llega con la grabadora más dispuesta a charlar que a hacer preguntas originales. Para originalidad ya está la del propio Xavier, creador de la mítica administración de la lotería que más vende en España, «La bruja de oro», cuyos billetes se compran desde hace mucho, no solo en Sort (Lleida), donde está ubicada, sino también por internet. Pero Xavier no se ha dedicado solo a la lotería; además, ha sido impulsor de deportes de aventura para potenciar el turismo en su zona (como Juez de paz que es llegó a convencer a una pareja y a casarla en una embarcación de rafting); es socio fundador de la empresa Virgin Galactic de Richard Branson, con la que los creadores cuentan con hacer turismo espacial en poco tiempo (él ya se ha preparado para ser astronauta); patrocinador de equipos de fútbol, escritor, conferenciante, hombre solidario… Le quedaba el negocio de la moda. Ya no. «Hemos encontrado el tipo de ropa que queríamos: reversible, con colores distintos… –cuenta Xavier–. Era una manera de apartarnos de la línea general. No es que no haya ropa reversible en el mercado, pero nosotros la hemos interpretado de otra manera».

Energía positiva

Y tanto. Y no sólo porque las prendas de «El armario de la bruja de oro» sean casi todas en dorado por un lado y negro por otro, sino porque, además del doble uso, están inspiradas en la ilusión y la magia, con las que Xavier pretende conseguir vestir a las personas de optimismo. Difícil tarea en estos tiempos duros, pero él insiste en que su trabajo consiste en ilusionar a las personas. Ojalá lo consiguieran también los políticos. ¿Acaso han tentado alguna vez a Xavier desde algún partido? «Me han tentado suficientes veces como para que siempre tenga claro que es donde no debo perder el tiempo». Lo que no sé es si habrá algún catalán que considere una pérdida de tiempo esta confrontación permanente que generan los políticos entre Cataluña y el resto de España. «Bueno –dice Xavier– ,es muy catalán pensar en el futuro de los propios catalanes; y, desde mi punto de vista, ese futuro está muy lejos de querer poner fronteras. A mí no me haría ilusión ser un país pequeño como Andorra u otros. A mí me hace ilusión tener nuestro propio criterio y nuestra forma de ser, pero sabiendo que solos no podemos triunfar. Yo creo que tenemos que abrirnos en vez de cerrarnos. Y no entiendo las protestas. Ahora todo el mundo se está quejando. Si hubiese solo una queja por algo determinado, España entera se preocuparía de arreglar eso. Pero es que hay quejas de todos los sectores y nadie hace caso. Entonces, ¿para qué hacer una manifestación? ¿para perder el tiempo? ¿para salir en la foto? Yo creo que estamos perdiendo el tiempo sacando a pasear una bandera. Te lo diré de otra manera. ¿Hay algún catalán más catalán que yo? Pues no tengo ni una sola bandera en casa, ni pienso comprarla. Únicamente pienso a quién voy a buscar para contratar. Y soy la única empresa en mi comarca, y creo que en mi provincia, que está contratando gente».

Xavier está con catarro y no se siente en plena forma, pero aun así irradia energía positiva. No se si tocarlo a ver si me contagia su buena suerte…»La suerte es una cosa que no existe –me dice–Es un nombre que le das a lo que te está sucediendo. Luego lo calificas y así pones buena o mala suerte… Pero la suerte definitiva es la que tú te trabajas». Desde luego él lleva trabajándosela toda la vida. Desde los 16 años, cuando entró de botones en un banco. Por aquellos días, Xavier ya descubrió la terrible enfermedad que es la envidia, cuando un auxiliar administrativo llegó con el automóvil de su padre, un Dodge Dart, el coche fantástico de la época, después de que el director hubiese aparcado su seat 600. Las críticas de los empleados se sucedían cuando Xavier dijo: «Pues yo lo veo bien y cuando sea mayor también trabajaré para tener uno. De color blanco». Los compañeros le miraron con sorna y le soltaron un «qué dices desgraciado». Con el paso del tiempo, Xavier nunca se compró ningún Dodge Dart blanco, pero hubiera podido comprarse uno de cada color del arcoiris para guardarlo en un museo. «El museo del botones Dart», dice él.

Con esos datos, si no cree en la suerte tendrá al menos que creer en Dios, le digo: «Creo firmemente en Dios. Y mi manera de hacerlo consiste, precisamente, en no ir detrás de él , que ya tiene cosas demasiado importantes como para perder el tiempo conmigo. Por eso prefiero hablar en vez de orar con Dios y con mis seres queridos. Y fíjate, tras lograr entrevistas con personalidades de todo el mundo solo me quedaba un reto: conocer a Benedicto XVI… Pues después de un año y medio intentándolo, ya desmoralizado, me dirigí mentalmente a mi madre y le dije : ”Lo he intentado pero, por más que te gustara a ti, no lo he conseguido…”». Veinticinco días después, estaba en el Vaticano con audiencia concedida por el Papa».

Personal e intransferible

Xavier Gabriel nació en Sort, en 1957 «que fue el primer año en el que la lotería se anunció en televisión», tiene un hijo que, junto con su mujer, son su máximo orgullo. Perdona «siempre que la persona a la que tenga que perdonar haya cometido un error por ser inteligente», y no es que olvide, es que «a veces no me acuerdo». Le gusta comer todo lo que sea natural y beber buen vino. En su mesilla tiene su último libro, «Nada es imposible», «porque creo que por mucho que hagas una cosa bien siempre la puedes mejorar» y no se arrepiente de nada «porque la vida es demasiado bonita como para arrepentirse». El hombre al que entrevistaron por primera vez por organizar una carrera de caracoles y al que hoy entrevisto yo a raíz de su incursión en la moda, parece haberlo hecho todo ya… Pero le quedan tantas cosas por inventar… ¿Su secreto? «Todo el mundo quiere a alguien positivo y alegre. Si sales de casa con una sonrisa y la mantienes, yo te aseguro que vas a encontrar trabajo».

La Razón

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