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La víctima 45

“Ven, levántate, no seas tonta. Todo esto no ha sido más que un malentendido. Te juro que no volverá a pasar. No metamos a nadie en nuestras cosas. Perdóname y ya verás como a partir de ahora, todo cambia…” Este podría ser el discurso de cualquier maltratador. En la primera, en la segunda o en cualquier bofetada. También podría ser el mensaje de los que dañan sin golpes, de aquellos que resquebrajan voluntades,  y  vuelven prisioneras a sus mujeres, insultándolas y humillándolas, hasta  reventar sus autoestimas y convertirlas en esclavas. Ayer fue el día contra la violencia de género. O machista. O como cada cual quiera llamarla. Violencia que sufren las mujeres por serlo, en una sociedad que aún no quiere reconocer y equiparar, realmente, más allá de las palabras escritas, los derechos de hombres y mujeres. Y ayer supimos que una mujer más había muerto, a golpes, a  manos de su ex pareja. 45 muertas en lo que va de año, nos siguen haciendo pensar que, pese a las buenas intenciones de todos, algo falla, algo que parece imposible de controlar y reconducir. La última víctima de la violencia machista, la víctima número 45, había denunciado 11 veces. Su ex pareja, presunto asesino confeso, había estado seis meses preso en 2012 por una de esas denuncias. En su historial , acumulaba una más, de una pareja anterior…Está claro que algo no funciona. Algo no hacemos bien. Tal vez sea que los maltratadores pasan demasiado poco tiempo en la cárcel y que las mujeres tienen a veces más miedo a denunciar incluso que a callar. Aún no sabemos qué más hacer, aparte de esconder a las mujeres maltratadas, llevarlas lejos…, en definitiva, infringirles un castigo por haber sido castigadas. Sin embargo, en ese “castigo”, son infinidad las que encuentran la luz y el camino, las que se salvan. De las que callan, alguna conserva la vida (si a eso que viven se le puede llamar así), pero caminan como muertas llorando solas su mala suerte.  Las mujeres maltratadas deben denunciar. Pero al primer golpe. No pueden dejar que su agresor se crezca. Porque cuanto más lo haga, más las dañará física y psíquicamente y menos miedo tendrá a ausencias o represalias. Por lo demás, el resto, todos nosotros, debemos actuar exactamente igual: Si sabemos de algún caso, aunque no nos lo hayan contado, debemos denunciarlo. Y que luego la Justicia haga su parte: que encierre a estos criminales y tire la llave.

La Gaceta de Salamanca

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