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Realities

El otro día me preguntaron qué me parecía que en Italia se hubiese programado un reality de escritores. Para sorpresa de quien me interpeló, dije que no me parecía ni mejor ni peor que el resto de realities. Ya se sabe que ahora hay realitys de todo tipo: de personas normales, de cantantes, de bailarines, de cocineros, de aventureros, de madres, de hijos…Hasta creo recordar que hubo uno de magos y en EEUU unidos vi, de pasada, uno de parejas desnudas puestas al límite de la supervivencia. Sinceramente, yo no soy espectadora de realities. No me interesan en general y, en particular, solo me emocionó, en su día, la primera edición de Operación Triunfo, porque me parecía que potenciaba lo mejor de los concursantes y no lo peor, que suele ser bastante frecuente en este tipo de programas.  Tantas ediciones y variantes, me han hecho inmune incluso a los buenos propósitos y ahora, realmente, me aburren solemnemente, sea cual sea su contenido, además de parecerme demasiado adolescentes para mis gustos adultos. De un reality de escritores solo diré que me parece complicado. Es cierto que, a veces, cualquier tipo de actividad creativa emerge de manera extraordinaria bajo presión; pero hay ciertas actividades que requieren soledad, recogimiento, estar con uno mismo…Y una de ellas es la escritura. Otra cosa es que haya quien sea capaz de abstraerse incluso en un campo de fútbol  o quien crea que esa es la única manera de alcanzar su sueño y se arriesgue a dejar su talento entre las letras banales de un concurso televisivo que, más que cualquier otra cosa, pretenderá entretener y , sobre todo, conseguir una gran audiencia. Supongo que a este reality le seguirá, como no, uno de pintores, o de escultores, o de científicos… Y que habrá quien sea capaz de dejar sus gracias al descubierto por dinero o por cualquier otra circunstancia. Yo soy pudorosa para ver estos programas, así que jamás hubiera podido considerar la posibilidad de participar en uno de ellos. Pero si alguien me preguntara qué reality desearía ver y no me perdería por nada del mundo, señalaría uno sin dudar: Uno de políticos. Como lo leen. Nada me gustaría más que encerrar a los principales líderes de los partidos unos mesecitos y que todos pudiésemos criticar sus peripecias. Así, a lo mejor, aprendían a decir más verdades. O a lo peor, quien sabe, aprovechaban la oportunidad para aprender a actuar aún  más ante las cámaras.

La Gaceta de Salamanca

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