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Chenoa: «Con la edad me he vuelto más desvergonzada»

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Chenoa tiene esa cara redonda de luna de las «cangrejas», nacidas bajo el signo de Cáncer, con las que ella tanto se identifica. Y es un rostro luminoso, amable y lleno de dulzura, salvo en circunstancias puntuales, en las que sus ojos se vuelven puros rayos de Zeus. Ella es así, transparente para lo bueno y para lo malo. Tan auténtica que no puede ocultar su estado de ánimo en la mirada. Y eso poco tiene que ver con su entrada en la «Quinta dimensión», con la que titula su último disco; es de siempre. «Te diré que yo propongo a la gente esa “Quinta dimensión” para que respire, agarre oxígeno y siga lidiando con las cosas. No te puedes quedar ahí, lamentablemente, pero tres minutitos de buena música animan, oxigenan… Y molan».

Laurita, que ya tiene 38 años, habla con entusiasmo de su nuevo disco, de la vida y de las decisiones que «con la edad», dice, empiezan a dar menos miedo, porque ya tienes las consecuencias un poco más claras. «Yo tengo muchas herramientas ahí, bien ordenaditas en carpetas, y cada vez que pasa algo digo ¡ah, es ésta! ¡Vale, venga, vamos a pillarla y hagamos el paso número uno!». Habla, entre líneas, de la decisión de volver tras haberse ido. Porque Chenoa decidió hace año y medio que tiraba la toalla, que cerraba el chiringuito y que se iba. No se sentía apoyada ni comprendida y el ser humano casi logró deshacerse de la artista. «Es que parece que siempre zurran a la misma… O al menos era la energía que yo notaba, aunque igual no la percibía bien… Estaba la situación del país en el aspecto musical, lo del 21 por ciento, y luego esa falta de interés que yo veía por parte de Universal de sacarme disco. Lo hicieron muy bien durante cuatro años, no tengo que tirar piedras contra nadie, pero en ese momento tomé la decisión de cerrar y de irme. Dije: ”Ok, no pinto mucho, pues me voy, tampoco pasa nada”». Sin embargo, Chenoa –para mí siempre Laura–, en el último momento, se decantó por todo lo contrario. En vez de irse, se dejó convencer por su hermano, que le trajo una maqueta de Londres y se la encasquetó mientras ella fregaba los platos, con una pregunta muy concreta: «¿Cómo te suena esto?». Y le sonaba tan bien que, pese a ser cabezona y a costarle un mundo revertir una decisión tomada, aceptó ir en «Otra dirección» y dejarse llevar, para volver, de la mano de las buenas canciones.

Como su favorita, «Arrested». «Es un tema que me provoca muchísimo sentimiento y gestionarlo cantando es complicado. Se te cierra la garganta. No puedo cantarla en según qué momentos. Así que la llevo en el repertorio, pero unas veces la canto y otras digo que no puedo. Hace poco tuve un concierto en Villafranca del Penedés y a mi padre lo acababan de ingresar en la UCI, por una arritmia. Cuando salí al escenario (no quería suspender porque yo nunca suspendo, soy así), en la primera canción me puse a llorar. Tuve que cantar todo el concierto con la garganta en constricción y aun así no llegaba y tenía que modular hacia abajo. Menos mal que mis músicos me arroparon y al terminar me dijeron que todo había salido bien y que la gente lo había entendido».

Menos mal que hay veces que la gente entiende, se cuenten o no problemas. Otras incluso se extraña por las cosas más normales, como que Chenoa cante en inglés de vez en cuando: «¡Y yo lo he hecho siempre! Estuve 10 años cantando en hoteles y el público, que más que británico era alemán, ¡lo que quería era que cantara la otra, es decir, mi madre, que lo hacía en alemán y que, además, es profesora de inglés!». Vamos, que canta en inglés mejor que muchos. ¿Por qué no va a cantar en ese idioma? ¿O por qué no va a desnudar su cuerpo y su alma en alguna revista, si le apetece, y a contar que tuvo un cáncer, que lo superó sola porque no se lo quiso decir a su familia para que no sufriera, o que le han puesto mucho los cuernos? «Con la edad me he vuelto más desvergonzada y me empieza a importar menos la consecuencia que tengan mis respuestas. Todo el mundo tiene historias y la mía no es tan importante, es una más. Lo que no hago es dar respuestas que puedan hacer daño y me río mucho de mí misma. El día de lo de mi padre, por ejemplo, dije: ”Por favor, aclarad que es por esta cuestión, no porque me hayan vuelto a dejar, ¿os importa?”». ¡Qué hartura! Siempre hablando de lo mismo y contestando sobre lo mismo! ¿Que qué pasaría si coincidiera con Bisbal de «coach» en «La Voz»? «Pues sólo que sería muy estricta con los participantes y les diría las cosas claras. Mira, yo hice ballet clásico y mi profesora, después de diez años de examinarme, me dijo: “Tú nunca vas a ser bailarina principal porque tienes caderas muy grandes”. Y yo dije ok, voy a cantar». Se lo podía haber dicho antes, claro. Y eso es lo que hace Chenoa, decir las cosas en el momento. Ni un segundo más tarde. Por ejemplo, dice que es muy almodovariana o que su cuenta corriente seguramente estaría más saneada si «hubiera hablado más y hubiera cantado menos, pero que no es su estilo…». Lo suyo es cantar y convencer cantando: «Yo en los conciertos siempre digo: ”Que levanten la mano los escépticos que han pagado una entrada hoy”. Y cuando lo hacen les digo: ”Que sepáis que hoy estoy a examen para vosotros y que os voy a convencer y os va a gustar mi música”». Como para resistirse.

Personal e intransferible
María Laura Corradini Falomir, Chenoa, nació en Argentina, Mar del Plata, en 1975. Está soltera y sin hijos. Se siente orgullosa de su familia, se arrepiente de haber sido tonta a veces, perdona y olvida «lamentablemente casi todo». A una isla desierta se llevaría «un libro muy gordo que me cuente muchas cosas». Le gusta comer pasta y, de vez en cuando, tomar una copita de vino. Le interesan las historias de la gente, que son las que le hacen reír y llorar. Es una maniática de la limpieza y el orden y no le gusta que le hablen antes de salir al escenario. Sueña mucho «que nado en el agua, que supongo que es o muy liberador o muy sexual, no lo tengo claro». De mayor le gustaría ser más pequeña y si volviera a nacer «volvería a ser lo mismo, porque creo que me toca por karma. Tengo lecciones que venir a dar y a recibir…».

La Razón

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