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Saltar la valla

Existe una valla imaginaria que rodea no solo las fronteras sino toda la periferia de los países ricos para separarlos de los pobres. En los países que no tienen nada, entrar y quedarse, siempre es más sencillo; en los ricos todo se regula para evitar que no se cuele nadie. Sin embargo, es inevitable que la gente intente escapar de la miseria en busca de una vida mejor. Y que nade mares, salte vallas (de verdad o de mentira) o se cuele por las rendijas. Hay quien llega y hay quien no. Hay quien es repatriado sin remedio y ha de volver a casa con las ilusiones destruidas, aunque probablemente con la intención inquebrantable de volver a intentarlo y hay quien pierde la vida en el intento. En la aventura, casi todos conocen el riesgo…, pero es preciso jugarse la vida para poder vivirla un poco más, un poco mejor. La desgracia quiere que los encargados de repeler los anhelos de tantos inmigrantes en busca de la tierra de acogida donde hacer realidad sus sueños, sean Guardias Civiles, sin otra potestad más que la de cumplir las leyes a rajatabla y respetar las voluntades de sus superiores. Ellos no son los responsables de que el mundo esté injustamente repartido; ni de que haya vallas o pinchos en las fronteras. Ellos, simplemente, tienen que cumplir con una obligación que se suele reprobar más que aplaudir. Puede que a veces sean ellos personalmente quienes se equivocan pero, en general, no nos engañemos, somos todos los que confundimos nuestra manera de actuar. Criticar las actuaciones de otros es mucho más fácil que reconocer que nosotros queremos estar protegidos y que nos ahorren el trabajo sucio; que estamos hasta el alma de recortes y que, por mucho que nos inflemos a dar clases de ética y moralidad a los agentes, somos los primeros que no queremos repartir más de lo nuestro, ahora que las vacas flacas llevan a nuestro lado demasiado tiempo. No se puede denegar auxilio, por supuesto que no. No se puede maltratar a los inmigrantes, por muy “ilegales” que sean pero, ¿de verdad pensamos que son los Guardias Civiles los que lo hacen? ¿Qué deben hacer ellos? ¿Dejarles pasar amablemente? Si queremos otra Ley, reclamémosla, digamos que queremos que crucen cada día nuestras fronteras todas las personas que quieran hacerlo, haya o no trabajo para ellas. Y si no, aceptemos que la tarea de la Guardia Civil no es fácil y denunciemos los abusos de autoridad, claro,pero sabiendo que son casos contados y que, en general, casi siempre hacen un buen trabajo.

La Gaceta de Salamanca

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