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Un amor que es eterno

Miedo/de ti/quererte es el más alto riesgo. Así comienza uno de los más bellos poemas de amor de Pedro Salinas. El amor siempre es incertidumbre. Se sabe cuando comienza porque da la vida mientras la quita, pero es imposible predecir su duración. Según Luis Rojas Marcos las parejas se extienden en el tiempo solo si se piensa que no lo harán. Es la manera de mantener vivo el amor, de cuidarlo mientras se va transformando en un sentimiento diferente al que incendia de pasión e inunda de emoción. Cuando aparece ese otro amor que aflora con los años, el mismo que hace que no se sepa si las piernas que yacen a nuestro lado en la cama son ajenas o propias, es cuando si cortan alguna de las que no nos pertenecen, nos duele tanto como si fuera una de las nuestras. Lo decía alguien. Tal vez Baroja… Y nadie lo cree hasta que ama hasta el infinito. Pero ni entonces está garantizado que ese amor distinto, menos arrebatado y pacífico, pero igual de intenso y casi siempre más extenso, vaya a durar para siempre. ¿Por qué comprometerse entonces, cuando no hay garantías? Porque la recompensa, dure lo que dure es inmensa y, porque cuando existe el compromiso, tal vez porque el convencimiento prende en nosotros, casi siempre suele durar más. Pero más allá de lo que devuelva el compromiso hay algo muy bello que es lo que con él damos a quien amamos. Y es ese grito al viento y al mundo en el que proclamamos nuestro amor verdadero y lo mucho que creemos en él, tanto como para pretender que sea eterno y firmarlo y sellarlo y llenarlo de bendiciones.

La Razón

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