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Dad de comer al hambriento

Lo que más me gusta del Papa Francisco es su normalidad y su capacidad para explicar las necesidades de la vida a través de los gestos cotidianos. Como ejemplo, su actitud, hace bien poco, al darse cuenta de que un bebé tenía hambre, de animar a su madre a que lo alimentara en la propia iglesia, diciendo: “Por favor, dele algo de comer”. Más allá de la alegría que produjo el gesto en las madres lactantes , el mensaje del Papa ante algo tan natural, parece que iba mucho más lejos, si se atiende a que luego añadió : “Lo mismo que le dije a esa mujer se lo digo a la humanidad: denle a la gente algo para comer”. Me alegra que el universo pro lactancia materna, haya celebrado este comportamiento papal; lo que me sorprende es que lo haya entendido como una forma de abanderar el hecho de amamantar en público o no, que es algo que, desde mi punto de vista, tiene que decidir la propia madre, en función de cómo se sienta haciéndolo. Supongo que si la madre de ese bebe hubiese sacado un biberón del bolso en vez de darle el pecho, el Papa no la habría excomulgado y entiendo que su recomendación, hubiera sido la misma: “Si tenemos suficiente comida en el mundo para alimentar a todas las personas, trabajamos con organizaciones humanitarias y somos capaces de ponernos de acuerdo para no desperdiciar alimentos y enviarlos a la gente que los necesita, podremos hacer mucho para poder solucionar el problema del hambre en el mundo”. El mensaje del Papa Francisco, una vez más, no es otro que el de Jesucristo: Dad de comer al hambriento.

La Razón

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