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Profesionalidad

Escribo apenas dos horas antes de salir hacia el Museo Reina Sofía, donde me han encargado que presente la primera edición de los Premios Nacionales de la Moda. Se que el acto será un éxito, pero no por mí, claro, sino porque a la presencia de los ilustres invitados de este sector, que tanto contribuye a impulsar nuestra economía y a mejorar nuestra imagen exterior, se unirá no solo la del Ministro de Industria, José Manuel Soria, sino también la de la Princesa de Asturias. En ella estarán concentradas, una vez más, todas las miradas, aún más expectantes si cabe, al ser doña Letizia ya, reina de facto. Imagino que en estos días previos a la coronación de su marido Felipe VI, deben ser muchos los recuerdos que afloren a la memoria de la aún Princesa de Asturias y supongo también que estarán acompañados de algunos “¿Y si?” A saber: ¿Y si aquel día no hubiera acudido a aquella cena? ¿Y si no nos hubiéramos enamorado…? Los “”¿Y si?”, creo yo, forman parte de la vida de todas las personas, independientemente del rango o la situación, incluidas las princesas y las reinas. Y más en un caso como el que nos ocupa, protagonizado una mujer sólida y de carácter, con los pies bien puestos sobre la tierra. A mí, en estos días, también me llegan recuerdos de la primera “Letizia”, agarrada de la mano de don Felipe, aún con la timidez del recién llegado y la sonrisa intermitente del nerviosismo, que anunciaba que su modelo a seguir sería el de doña Sofía. En ese camino de profesionalidad marcado por quien ha sido nuestra reina durante treinta y nueve años se encuentra doña Letizia. Y no debe estar haciéndolo mal, porque la propia reina lo aprueba y lo ensalza y los españoles lo aplauden. En un rato veré a doña Letizia, ya reina de facto, y la escrutaré como todos, sin poder evitarlo. Estaremos en un acto del mundo de la moda y ella, más mujer de letras que de tendencias, estará impecable y entregada, como toca y como siempre. Es la sucesora de una reina profesional. Y la madera de la profesionalidad la traía de fábrica.

La Razón

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