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Se nos acabó el mundial

En realidad, ya no existía para nosotros. Y si no que se lo pregunten a Mediaset, que aún debe estar arrepintiéndose de pagar lo que pagó por quedarse con el derecho a retransmitir los partidos. Una pena, porque todos esperábamos más de La Roja. Incluso ellos mismos, empezando por el entrenador. Pero realmente es difícil llegar a un mundial en perfectas condiciones, si se lleva un ritmo trepidante de ligas y Champions. No justifico nada, pero creo que es muy injusto que queramos u odiemos a futbolistas y entrenadores dependiendo de los resultados que nos proporcionen. Mi amiga Martina Klein utiliza una frase de su chico, Alex Corretja que yo he acabado por hacer mía: “Quien hace lo que puede, no está obligado a más”. Cobre lo que cobre. Lo curioso es que cuando ganan, nadie se acuerda de si jugaron mejor o peor o de si pusieron todo su empeño; sin embargo, cuando pierden no hay quien no les eche en cara lo que hicieron mal o lo que dejaron de hacer. Pero lo cierto es que “no se puede ser sublime sin interrupción”, que decía Baudelaire, y en el deporte tal vez menos. Quizás todo esto hubiera sido diferente si Del Bosque, en vez de haber elegido al grupo que le hizo campeón en el anterior mundial, que estaba muy agotado, hubiera optado por otra cuadrilla con la que, tal vez, hubiese podido ganar; pero Del Bosque ha optado por la lealtad y, no solo, también por los que demostraron con anterioridad ser los mejores. No nos podemos meter en la cabeza de cada uno de ellos, pero no me queda ninguna duda de que todos querían ganar, por ellos y por esa España entregada que les ha aplaudido y celebrado al cien por cien. La misma, por desgracia, que podría ser capaz de recriminarles…, pero ¿qué? El fútbol no son matemáticas. Y 2 y 2, pueden sumar 3 o restar 6. Ahora lo que queda, es agradecerles ese último partido contra Australia en el que han dejado bien claro que La Roja es mítica y siempre lo será; y valorar si, como yo desde luego creo, Del Bosque es el hombre adecuado para hacer una transición hacia un nuevo tiempo, lleno de esperanzas y de posibles éxitos. Antes de este equipo, pensábamos que no seríamos capaces de ganar un mundial; después de ellos, aunque no hayamos vuelto a hacerlo, tenemos esa fe en nosotros que nos hará conseguirlo de nuevo. Cuando toque. De momento, mi aplauso para esa selección que, al menos, una vez en la vida, nos hizo vivir la gloria de ganar un mundial.

La Gaceta de Salamanca

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