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Pedro Sánchez

Hay muy pocas cosas que me renueven el interés y la curiosidad por la política, pero una de ellas es la de pensar que, a voz de pronto, pueden surgir nombres nuevos y caras distintas. La última, la tenemos bien presente, es la de Pedro Sánchez. Me gusta el nombre porque podría ser el de cualquiera. El suyo, el mío el de un vecino…, es un nombre más, uno de tantos, bajo el que se puede esconder el mejor y el peor de todos nosotros. Pedro Sánchez, el nuevo secretario general, es un hombre joven, guapo sin exageración, delgado, sonriente…Es un claro ejemplo de esas nuevas generaciones a las que parece haber empezado a dejar paso la abdicación de Juan Carlos I. Es economista, Máster en Economía Política Europea por la Universidad Libre Bruselas y en Liderazgo Público por el IESE, profesor de Estructura Económica e Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Camilo José Cela de Madrid, está casado y tiene dos hijas. Así, a grandes rasgos, parece el chico perfecto, ese que cualquier madre querría para su hija, por su ideales, por sus convicciones, porque su buen expediente en el Instituto Ramiro De Maeztu de Madrid, por ser un buen deportista y haber jugado en el Estudiantes y porque, aunque no se pueda creer, dicen que habla inglés y francés. Vamos que es un Pedro Sánchez, como podría ser un Juan González, pero de estas nuevas generaciones, es decir, mucho más completo que alguien de su mismo nombre de décadas anteriores. Aunque muchos lo desconociéramos totalmente, Pedro Sánchez lleva afiliado al PSOE desde el año 93 y tiene una trayectoria política desde entonces. No es que haya hecho mil cosas, porque si no lo conoceríamos, pero sí es uno de esos jóvenes comprometidos con su partido y con ganas de hacer mucho en la política. No repasaré su carrera (la pueden ustedes buscar en la Wikipedia), pero si el entusiasmo que resaltan sus compañeros de partido, o que es un hombre de su tiempo, aficionado a las nuevas tecnologías, con cuenta en twitter (con más de 14.000 seguidores) y un blog llamado “En el mismo barco”. Con todo esto y sus posesiones transparentes, no parece que haya que ponerle ningún “pero “a este chico y que, tanto los que son de su partido, como los que no lo son, deberían alegrarse por ver una cara nueva, llena de esperanzas e ilusiones. Yo me alegro, desde luego, por más que algún malvado se empeñe en decir que es “el nuevo Zapatero”. Eso no, Pedro, por favor…

La Gaceta de Salamanca

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