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Gracias Panamá

Vuelvo de la Feria del Libro de Panamá, dejando en este país, que tan amablemente me ha recibido, a tres grandes compañeros de viaje: Juancho Armas Marcelo, Juan Bonilla y Jesús Marchamalo. Tres mosqueteros de las letras, con los que he compartido una semana inolvidable, en el que los días parecían meses de tan llenos de actividades como estaban. El circuito de las letras en Latinoamérica exige decisión para salvar a ese peligroso enemigo que es el cambio horario. Más allá del milagro de que un libro cruce el Atlántico o de la alegría de penetrar, aunque sea de manera sigilosa, en el mercado americano, está la experiencia del viaje y esas gloriosas anécdotas que se derrochan en las horas libres, marcadas por un cansancio lánguido y una temperatura caribeña en la que las conversaciones se llenan de confidencias. Juancho Armas Marcelo es amigo antiguo, así que sabía que la provocación estaba asegurada, aunque desconociera que su presentación de “Réquiem habanero por Fidel”, acabaría reventada por procastristas organizados que, naturalmente, nunca leyeron su novela. Jamás sabrán ellos qué gran publicidad le hicieron al libro, agotado a las pocas horas. Mis otros dos compañeros de viaje y yo, asistimos estupefactos al momento que aún sigue recogiendo la prensa panameña. Y, por cierto qué decir de ellos. Bonilla, el premiado autor de “Prohibido entrar con pantalones”-, con Maiakovski como protagonista, es el hombre tranquilo, el que sabe…, y Marchamalo el profesor didáctico, de gloriosa explicación que, a veces, en medio de la noche panameña, comparte secretos sobre bibliotecas, no contados en su magnífico “Donde se guardan los libros”. “Luisa y los espejos” y yo regresamos muy honradas. Bueno, Luisa se queda, espero, y yo…Yo volveré. Gracias Panamá.

La Razón

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