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Eterna juventud

Ayer, al pasar por delante de un quiosco de prensa, de los poquísimos que quedan, por cierto, me topé con la portada de una revista en la que siempre sale su editora, Ana Rosa Quintana. Me tuve que parar y mirarla de nuevo, porque no la reconocía. La persona que aparecía en la imagen recordaba vagamente a la periodista o tal vez a la  hija que no tiene, pero no era ella misma. Una vez más me sorprendió que una profesional de su peso, con un estupendo aspecto, incluso más interesante con el tiempo, no asuma que los años pasan y que es imposible volver al pasado, a menos que sea a través de la mentira de una foto retocada hasta el delirio. Sin embargo, ella no es la única que se engaña a si misma y engaña a su público, siempre fiel, a través de una foto que no muestra ni el reflejo de la realidad; hay muchas mujeres y hombres que lo hacen. Y valga como ejemplo la reina del pop, Madonna, quien hace poco celebraba su 56 cumpleaños con una gloriosa foto de un brillante topless, en la que cualquier parecido con su realidad actual es pura coincidencia. Madonna, retocada y obsesa del deporte lleva toda la vida tratando de robarle a los años la batuta de su vida, como tantas personas, sobre todo cuando sus trabajos exigen reconocimiento público;  y está bien, siempre que no se vuelva en su contra. Lo que está claro es que no es sencillo marcar la raya y no pasarse de ella ofreciendo un retrato fotográfico que rejuvenece cada día, como el de Dorian Grey, mientras su dueño va cumpliendo años. Es comprensible que todos queramos ofrecer nuestra mejor imagen y hasta que mintamos un poquito en las fotos de los perfiles de las redes sociales, ya que tenemos que cargar con las de los DNIs (ya se sabe que nadie es tan guapo como en la foto de Facebook, ni tan feo como  en el carné) y con esa convivencia diaria con el espejo que es más dura día a día; sin embargo, además de los consabidos “mirarse dentro” y “alimentar el espíritu”, hay un par de trucos que sirven, sin duda, para sobrellevar el paso de los años con gallardía y sin caer en el ridículo de disfrazarse o retocarse tanto como para parecer otro. Uno de ellos es prescindir del espejo de aumento que según la actriz Michelle Pfeiffer fue el mejor consejo que le dio su dermatólogo y otro pensar que, a partir de cierta edad, todos vemos menos las arrugas…¡y casi todo lo demás! (Jerry Hall dixit).

 

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