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EL PEQUEÑO NICOLAS

Después de tropecientas informaciones leídas, escuchadas y vistas en prensa, radio y televisión, sigo sin entender como un chaval de 20 años ha podido estar pegado al poder desde los 15. Visto su historial académico, esta claro que el chico es un desastre en los estudios –en el primer curso de Administración y Dirección de Empresas no aprobó ni una sola asignatura-, pero que para los negocios vale. O mejor dicho para los engaños y para las estafas. Tanto como para que el propio Colegio Universitario de Estudios Financieros, el prestigioso CUNEF, en el que suspendía, lo pusiera como ejemplo. Y no porque pagara para conseguir tal publicidad, porque el ínclito, además, no abonaba  los recibos de la institución, como tampoco los de los coches de lujo o los del chalet que utilizaba como centro de operaciones. El truco de este joven es el que más se usa en nuestro país , aunque no siempre con éxito: el de presumir de relaciones. Lo que pasa es que mientras en algunos lugares hay quien se jacta de conocer a la presentadora de turno -a la que no ha visto en su vida- para conseguir una mesa en un restaurante, hay otros que se atreven con más altas esferas. El pequeño Nicolás, concretamente, se atrevió con todas: La corona, el CNI, la Moncloa, el PP…, y no es raro que lo hiciera porque, sin que se sepa óomo, tenía pruebas que avalaban esas relaciones de las que presumía. Las fotos que mostraba eran más que explícitas. Estaba en todas partes: en la Coronación o en FAES al lado de José María Aznar, con los empresarios o con el representante del sindicato Manos limpias…. No era raro que quien más y quien menos acabara creyendo que el chaval, con cara de más crío aún de lo que es, fuese un absoluto pitagorín que hubiera conseguido la confianza de lo más granado del país, porque a las fotos y a los coches de lujo, Nicolasín sumaba unas conversaciones telefónicas fingidas, con quien más le apeteciera a su víctima. Podía contarle que tenía al aparato a algún ministro, al secretario de las infantas o al mismísimo rey. Y lo hacía con tanta convicción y desparpajo que se lo tragaban todos. Pero ¿saben? es que el famoso “dropping names”  (algo así como escupir nombres de personas relevante) funciona como un tiro. Y que levante la mano el que no conozca a alguien que presume de su amistad con esté, con aquél o hasta, casi, con la mismísima reina…¿No dijo Pablo Iglesias en una entrevista que un periodista le había dejado caer que la reina le quería conocer? Pues eso.

La Gaceta de Salamanca

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