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“Se puede llegar a detestar a una persona por su olor”

François Demachy, perfumista

Entro en el Hotel Santo Mauro  de Madrid, buscando a uno de los “narices” más importantes del mundo. Así es como se les llama a los creadores de los perfumes que nos envuelven y nos hacen soñar.  Mientras recorro las estancias decoradas por Lorenzo del Castillo, pienso que no hay escenario mejor para esta entrevista que  este lujoso palacete.  François Demachy  aparece, como imaginaba, impecable:  Traje oscuro, sin corbata, pelo blanco, mirada serena. ..Sale de una rueda de prensa donde los especialistas en belleza españoles le han acribillado a preguntas sobre los perfumes. Yo quiero saber de él. De ser perfumista. De cuándo se da cuenta uno de que posee ese don. “Yo no creo que sea un don –me dice. Todos tenemos la capacidad de discernir olores, aunque la tengamos adormecida en el cerebro, porque ya no la necesitamos para sobrevivir, como hace miles de años. Más bien pienso que, con aquello que la naturaleza nos ha dotado a cada uno, si nos entrenamos y nos concentramos podemos conseguir muy buenos resultados”. Siempre me resulta curioso que los grandes no consideren lo suyo tan importante. Y Demachy es uno de los más grandes –si no el más grande- en el mundo del perfume. Le pregunto qué se necesita para ser perfumista . “Lo primero es ser curioso y luego entrenar; pero si se es curioso ya se tiene mucho ganado, porque la técnica se aprende. El sentido olfativo se desarrolla por aquel que lo cultiva; si se abandona se olvida. En el siglo XVII, por ejemplo,  los médicos se servían del olor para diagnosticar y ahora todo ese saber se ha olvidado”. Demachy es un hombre culto; se le nota en lo que cuenta y en cómo lo cuenta, igual que se trasluce su pasión por su trabajo. Le pregunto cómo llegó a apasionarse por los perfumes y me dice “por las mujeres”. Luego se ríe y continúa. “Es la manera…Aunque también es verdad que cuando vives en Grasse, tienes más posibilidades, aunque solo sea por el hecho de estar bañado en olores, desde pequeñito, de manera natural”. Grasse es la cuna de la perfumería. Un lugar que  imagino repleto de  rosas, mimosas y jazmines. El sitio perfecto para entregarse a las fragancias y decidirse a crear perfumes. ¿Cuál sería el primero de Demachy? ¿Tal vez uno de rosas? “No, mi primer perfume, o mejor dicho, mi primera composición no fue exactamente un perfume… Fue un aroma,sí…, ¡pero para perfumar el forraje para los animales!. Y le puse regaliz”. Sospecho que, desde el forraje para animales hasta la Masion Dior, que lo ha fichado como perfumista de cabecera,  debe haber un largo recorrido.  Y supongo que desde el primer momento también habría cierta vocación “En realidad yo no decidí un buen día ser perfumista. Fue cosa del azar. No fue mi elección directa, sino algo más intuitivo. Es verdad que mi padre tenía una farmacia donde preparaba un agua de colonia (Eau de Grasse Impériale), pero él hubiese querido que yo hiciera otra cosa, algo relacionado con lo médico o lo paramédico.  Y se tuvo que “conformar” con mi aprendizaje del perfume.” Me cuenta que en su época no había escuelas de perfumería  donde estudiar química y botánica, pero que él hizo un aprendizaje en Grass con un maestro perfumero y que, justo cuando lo estaba terminando, apareció el perfumista de Chanel buscando un joven pupilo que proviniese  de la tierra de las esencias. “Me hizo una prueba, la pasé y me fui para París, de un día para otro. Y allí hice mi primer perfume ¨”Diva” de la casa Ungaro, que también pertenecía a Chanel”. Me sorprende que se pueda pasar de una casa a otra. De Chanel a Dior, por ejemplo. ¿Quién cambia de personalidad? “Cuando una marca te elige es que reconoce en ti elementos comunes. Y no se trata de que yo meta mi personalidad en esa marca, sino de interpretar mi visión y la personalidad, en este caso de Dior, en el perfume, para aumentar su valor. No soy el creador del aroma de Dior, soy su intérprete”. Ya que el perfume es tan importante no solo en su vida, sino en la de todo le pregunto cómo se debe elegir y me contesta rotundo: “Dedicándole tiempo. No hay reglas, pero acertar depende del tiempo que se le dedique.  Y se le debe dedicar tanto o mas que al vestuario. No hay que precipitarse, hay que olerlo, llevarse una muestra a ver si funciona… Tiene que ser una decisión reflexiva”. Le digo que hay quien se enamora del olor de las personas… “Yo más bien diría que se puede llegar a detestar una persona por su olor” .  También quiero saber si hay que ser fiel al perfume y él me responde riendo: “¡No” ¡Como a los hombres…!Si se quiere cambiar se puede cambiar. Eres tú quien tiene que decidir” Por más que intento convencerlo de que me diga que perfume le recomendaría a nuestra reina, no lo consigo “El perfume es un medio de comunicación, así que se debe tener un mínimo de comunicación antes de aconsejar sobre él” Le pido que al menos me revele cuales son las esencias fundamentales para él en las fragancias  y a eso si se aviene “la rosa y el pachuli. Si los mezclas ya tienes un perfume”. “¿Y cuál es el mejor perfume de la historia?” me aventuro a preguntar para finalizar: “De mujer Aromatic Elixirs de Clinique. De hombre Eau Sauvage. Pues ya lo saben.

 

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

 

François Demachy, actual perfumista de la Casa Dior y durante muchos años de la casa Chanel nació en Cannes en 1949, pero pasó su niñez en Grasse. Se ha casado “dos veces de manera oficial” y tiene dos hijos y una hija, de la que dice estar especialmente orgulloso “Es que una niña para un padre es…” Ella usa uno de los perfumes creados por su padre, Mademoiselle Coco; y él una colonia especial  pera él. Se arrepiente “de no haber hecho mi propia marca de perfume” Perdona porque “la vida es bella y creo en las cosas buenas” y que olvida porque “me conviene”. A una isla desierta se llevaría un espejo “para hacer fuego”. Le gusta el vino y el champagne y descubrir la personalidad de las cocinas locales:“se aprende mucho de los hábitos culinarios para elaborar un perfume”. Su manía es detectar en medio minuto en una iglesia, por ejemplo, las lámparas que no funcionan “y eso no está bien porque significa que me fijo en el detalle y no en el conjunto”.  Sueña mucho con agua. Le hubiera gustado ser cirujano, porque se le da bien trabajar con las manos, pero si volviera a nacer, sería músico, tal vez porque, como ha dicho tantas veces:“nosotros, los perfumistas, somos autores, compositores e intérpretes. Hablamos un lenguaje que muchos entienden pero que pocos saben practicar. Me dedico a traducir lo que siento por medio de una partitura de notas perfumadas”

 

La Razón

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