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¿Terminar de estudiar y trabajar?

Dicen las estadísticas que ahora los jóvenes abandonan menos los estudios superiores. No revisaré porcentajes ni convertiré en cifras los rostros adolescentes y granulados de tantos chicos que antes, por circunstancias diversas, se alejaban de ese camino del conocimiento, sin saber que cercenaban en buena medida sus posibilidades de futuro. Es tan difícil ser juicioso cuando la vida te ofrece un abanico de ilusiones para elegir. Y es en la juventud, en ese tiempo sin arrugas ni cicatrices,  cuando cada día parece una cola de pavo desplegada en la que, pluma a pluma, se escribe un sueño por cumplir. No es raro que más de uno se quede pegado al espejismo y descuide la dura tarea diaria. De entre ellos, alguno, como no, le pegó un revés a las expectativas y encontró igual destino o incluso mejor que otros que estudiaron y se esforzaron para conseguirlo…; pero muchos, pasado el tiempo de colores, se dieron cuenta de que su mundo quedaba reducido a la resignación. Al parecer, ahora son menos quienes se encuentran en ese callejón del arrepentimiento en el que tan mal se vive… Solo que, por desgracia, algunos no entran en él, no porque la voluntad empuje sus aptitudes, sino porque la vida no les deja espacio ni para desmandarse. Antes, el que abandonaba sus estudios, se ponía a trabajar. Y cierto, igual no era el mejor trabajo…, pero trabajaba. Ahora eso es pura utopía. ¿Trabajar si no se estudia? ¿Terminar de estudiar y trabajar? Casi parece Ciencia Ficción. Ojalá estos años difíciles se vayan escurriendo pronto y lleguen otros en los que una noticia como esta implique solo responsabilidad  y no, pese a los optimistas mensajes políticos, algo de desesperanza…

 

La Razón

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