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“En esta profesión tan vanidosa hay que saber a quién escuchar”

LOURDES MALDONADO, periodista

Cuando me pongo a charlar con Lourdes Maldonado y me recuerda que ya pasa de los cuarenta, me sorprendo. Probablemente les ocurre lo mismo a  todos los telespectadores que la siguen en Antena 3, desde hace quince años. Ha corrido tan rápido el tiempo, que parece que fue ayer cuando esa chica vasca empezó a contarnos las noticias y a trasladarnos sus sensaciones a través de sus grandes y elocuentes ojos azules. Ella, en estos días de celebración del 25 aniversario de la cadena que considera su casa, ha contado una y mil veces cómo fue ese primer día en el que pisó la tele de la que luego formaría parte “Me acuerdo perfectamente del modelito que llevaba. Me lo regalo mí madre. Era un conjunto de chaqueta y falda morado y pañuelo rosa y bolso haciendo juego” Me lo cuenta entre risas, confesándome que ella llegaba, como quien dice, del pueblo, con muchas ilusiones, pero con más miedo que otra cosa. Y que se disfrazó, claro. Con aquel conjunto que tras ese día de estreno se quedó colgado para siempre en su armario, como si fuera el traje de novia “¿Tú normalmente vistes así?”- le preguntaron cuando la vieron de tal guisa. Y puedo imaginármela sonrojándose hasta la raíz de su pelo rubio al contestar abriendo los ojos hasta el infinito: “Pues no”. Los nervios del primer día. Ese en que tuvo que pasar el casting en la casa madre de Madrid, para Antena 3 País Vasco –luego haría otras dos más in situ-, y en el que ver a Matías Prats por los pasillos fue como un bálsamo. En realidad, no es que estuviera de casualidad allí, pero remontándose a su niñez Lourdes recuerda que lo que quería era hacer radio “¡Me gustaba tanto la radio! La escuchaba sobre todo por las noches. Y fueron las ondas las que me llevaron a esta maravillosa profesión. Al principio dudaba porque, de siempre, había querido ser maestra de niños pequeños. Idealizaba el hecho de poder enseñarles a leer. Pero la radio me atrapó sin remedio y me hizo engancharme al periodismo. Sin embargo, después del último año de Comunicación Audiovisual, que hice en Francia, cuando llegué a mi pueblo, a Irún, con los currículos en la mano que repartí yo misma en la radio local, en el periódico local…, de repente me vi envuelta en un proyecto que comenzaba y que no era de radio, sino de televisión. Nacía entonces la televisión comarcal que abarcaba Irún, Fuenterrabía (Hondarribia) y Hendaya, que era una especie de tele fronteriza. Y justo cuando echaba a andar, me preguntaron :”¿Quieres presentar el informativo?” Y yo dije, “A ver, no tengo ni idea…, ¡pero claro que quiero!”… Y con unas gafas a lo azafata de “Un, dos, tres” empecé el informativo diciendo: “Gabon, buenas noches, bon soir…” Le digo casi a modo de provocación que, sin experiencia y sin casting, la cogieron por guapa… Pero no consigo que saque ese genio que asegura que suele dejarse en casa. “¡Hombre, no! Yo trato de defender que aquí no solo somos caras bonitas. Es que pasé por allí en el momento adecuado. No está mal un rostro agradable, pero  -y te lo digo como espectadora- cuando pongo la tele y sobre todo las noticias yo quiero alguien que me transmita, que me comunique y que tenga credibilidad.” Esa misma credibilidad, le digo, que en EEUU se traduce en años y que aquí, hasta hace bien poco, se quedaba algo corta en rostros de veinticinco años. Ahora parece que los años no juegan ya en contra de los presentadores de informativos. “Es que la experiencia es un grado y la credibilidad lo más importante y difícil de conseguir. Y eso se consigue con los años. Entonces, es verdad que el tiempo corre a nuestro favor. Cumplir años en esta profesión es bueno. Yo estoy muy contenta de ir ya para los cuarenta y dos. Y de haber pasado quince de ellos vistiendo la camiseta de Antena 3”.  Ahora que habla de vestimentas, me da por recordar otros tiempos, no tan lejanos, en los que las presentadoras de informativos solo aparecían con americanas. Ni brazos al aire, ni vestidos de cóctel. Como mucho una camisa lisa y sobria. Y casi siempre bajo una chaqueta masculina.  “Es verdad que las modas y la forma de vestir han cambiado. Pero, vamos, yo estoy muy cómoda con el estilismo de Cristina, que es una joya, porque a mí no me gusta llamar la atención más de la cuenta y tampoco hay que olvidar dónde tiene que estar la atención… Aunque desgraciadamente, incluso el día más complicado, la gente te comenta si le ha gustado más o menos lo que llevabas puesto. La tele es imagen para bien y para mal”. Lo cierto es que ahora, sobre todo en Antena 3 es preciso que los presentadores se vistan de otra manera, porque ya no son bustos parlantes. “Es que nosotros hemos asistido a la revolución tecnológica que ha sido determinante para que la forma en la que se contaba cambiara por completo. Y nosotros, concretamente, hemos revolucionado la redacción de informativos, nos hemos puesto de pie, hemos roto las cristaleras, la pecera…Hemos cambiado el concepto de presentación de noticias y hemos sido pioneros en todo, en función y al servicio de dar una mejor información y dando todavía más fuerza a la imagen con esa super pantalla que tenemos y de la que podemos presumir y sacar pecho.” Recordamos juntas algunos de esos momentos embarazosos inevitables cuando se vive frente a una cámara. Una etiqueta colgando, un pinganillo que vuela, un pendiente que se cae por el escote y hasta contracciones en directo; y después de reír, lloramos también con todo aquel horror difícil de olvidar: “Yo empecé en el País Vasco. Los primeros años de mi vida profesional están marcados por el terrorismo de ETA. En tres años que estuve en el País Vasco, ETA asesinó a cincuenta personas. Afortunadamente ETA ya no mata, pero en aquellos años ser periodista allí no era fácil. Todo el mundo estaba amenazado: policía, funcionarios, jueces, periodistas… Esos años me cundieron mucho personal y profesionalmente. Admiro mucho a mis compañeros del País Vasco, tan valientes, por lo mucho que aprendí de ellos…Tampoco olvidaré el 11 M que me tocó cubrir desde IFEMA…”. Lourdes habla con pasión de su trabajo, de su compañero Vicente Vallés,  del equipo de Informativos de Antena 3…, pareciera que su trabajo fuera lo único, pero no. Ella sabe dónde están sus prioridades y también me cuenta de su familia cuando le pregunto por el genio que oculta tras su dulzura: “el genio lo suelo dejar para mi paciente marido. El es periodista también. Y uno de mis principales críticos. Y en esta profesión tan vanidosa es fundamental saber a quién tienes que escuchar, sean halagos o críticas”. Me comenta lo que le gusta ser la “presentadora oficial del premio Planeta” y es cuando hablamos de la muerte de José Manuel Lara: “Se nos ha ido el capitán de este barco, el gran valedor de las letras en este país. Escritores, politicos y periodistas han ensalzado su figura. Puso los libros y la literatura por delante de todo lo demás. Yo que tengo la suerte de presentar los premios Planeta se bien que esa es una noche en la que daban igual las circunstancias y lo tensas que estuvieran las relaciones con Cataluña: se conseguía que los libros fueran los protagonistas indiscutibles de la velada. Su muerte ha empañado este 25º aniversario que celebramos. Ha sido una gran pérdida».  le pregunto La vida sigue, sin embargo, así que le pregunto si ella se ve para siempre en los informativos o tal vez algún día programas como ese mismo “Espejo Público que ella misma rechazó presentar cuando se lo ofrecieron, para no robarle más tiempo a su familia, y dice: “no soy una mujer de grandes metas. Voy disfrutando el presente y sigo aprendiendo cada día. Me apasiona lo que hago, y me considero una afortunada por hacerlo en esta casa, Antena 3, que es mi segunda casa y a la que le estoy muy agradecida. No se qué pasará dentro de cinco o diez años, de momento, disfruto el presente”.

 

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Lourdes Maldonado nació en San Sebastián  -“aunque me considero iruñesa”-, en 1973. Está casada, tiene dos hijos, de los que se siente muy orgullosa y no se arrepiente de nada. Es de risa fácil y llora con las cosas pequeñas de la vida. Perdona, pero no olvida. A una isla desierta se llevaría…”¿cuántas personas y cosas pudo llevarme?” La vuelve loca el chocolate, cuanto más negro mejor, con almendras y, a ser posible, acompañado de nata. Y el rioja. No tiene manías y cuando se le pregunta por sus vicios ella repregunta “¿qué se puedan confesar?” Sueña dormida con que no llega a tiempo al informativo y despierta con ver una aurora boreal. De mayor le gustaría ser feliz…¡y pastelera! “Es que me encanta la cocina, he descubierto que me relaja muchísimo. Eso sí, que fría mi marido. A mí me encanta hacer bizcochos”

 

La Razón

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