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Voluntad contra imposición

Veo las imágenes de las mujeres afganas, con esos burkas que las hacen invisibles, que no las permiten ver con nitidez y las convierten en bultos sospechosos a merced de unos dueños y señores inmisericordes, que les impiden vivir sin ellos, y me revuelvo de indignación. Pero mi irritación aumenta al leer que el Vaticano ha hecho suya la declaración -ciertamente frívola- de una mujer, que considera la cirugía estética “un burka de carne”. Para empezar diré que optar o no a la cirugía es una decisión personal y llevar un burka es una obligación irrenunciable –o más bien un castigo, pura violencia de género-, que se les impone a las féminas por el mero hecho de serlo. Nada que ver con la cirugía estética,  que es un gran logro de la Ciencia y ha llevado a infinidad de mujeres –y hombres- a liberarse de complejos y a poder sentirse más bellas. ¿Qué hay quien abusa de ella? Sí. Y del ejercicio, y  de  la obsesión por la alimentación o del empeño en seguir a rajatabla las tendencias que dicta la moda… Está claro que los excesos son peligrosos siempre. Pero en todos los ámbitos. Incluso en el de la Religión. Tanto es así, que las devociones extremas de algunos credos, parecen tener en vilo al mundo entero y a las mujeres, además, presas de unas prendas de ropa, que todos los seres humanos dignos, incluidos los que ocupan las más altas jerarquías del Vaticano, deberían luchar por erradicar.

La Razón

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