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ZAMARRAMALA

El pasado domingo, con un frío de los que solo se sienten en Castilla (o quizás también en el Polo, pero no he estado), puse rumbo a Segovia, concretamente a Zamarramala, un lugar entre localidad y pueblo de la provincia castellana, donde debía recoger mi nombramiento de Matahombres de oro y el alfiler que corresponde a quien recibe tal honor. El nombrecito, que tiene bastante gracia, hizo que algún machisto/feministo me insistiese por twitter en que a santo de qué se me ocurría a mí aceptar nada que se llamara así y que si fuera acabado en mujeres, la cosa se pondría fea y recibiría más que palabras, palabros de crítica y de los peores.  Pues sí. No le digo yo a este hombre que no , porque tontos del todo (dicho sea con todo el respeto),los hay en todas partes, sean mujeres, hombres o mediopensionistas. Pero claro, como una le supone valor a las personas aunque no hayan hecho la mili, espera que, antes de lanzarse a decir estupideces, se informen como corresponde. Y en este caso la cosa era que tenían que saber que lo de matahombres, viene de un gracioso alfilerito que las antiguas zamarriegas usaban para tener a raya a algún zamarriego que se arrimaba más de la cuenta y que el mismo día que lo conceden (a personas cuya trayectoria indique que han hecho algo a favor de los derechos de las mujeres), se otorga el ome bueno y leal, que reconoce al caballero que tiene las mismas intenciones. Vamos, que es un acto reivindicativo, donde los haya (con quema de pelele y todo) en el que, aunque las mujeres mandan por un día (lo que hoy puede parecer hasta posible, pero allá por mil doscientos y pico no debía ser precisamente una pamema) los hombres y las mujeres incluso caminan más juntos y se sienten mejor escuchando los discursos y peticiones de ellas y, si no convirtiéndolas del todo en realidad (que para eso haría falta no solo voluntad, sino también educación), al menos sí prestándoles la atención que normalmente no les regalan. La fiesta en cuestión, que es curiosa por sus normas, sus vestidos y hasta por las tajadas que se comen con pan (chorizo cocido), es pura devoción a Santa Águeda, a quien en su martirio le cortaron los dos pechos. Y miren el regalito que ha hecho la santa: dicen que no hay zamarriega con genes contrastados de la zona que haya padecido cáncer de mama. Ya se que saldrán algunos por ahí con que eso es pura superchería. Pero miren, yo me llevé una estampita para mí y para mis amigas, por si acaso, que daño no nos va a hacer…

 

La Gaceta de Salamanca

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