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La isla del padre

En medio de la vorágine literaria actual de libros repletos de datos ajenos a quien los escribe y a veces colados en  las páginas con calzador, cae en mis manos el último premio Seix Barral Biblioteca Breve 2015, de mi querido y admirado Fernando Marias. Sé de que va antes de abrirlo. De hecho conversé  muchas veces con Fernando mientras, encerrado en el domicilio familiar de su infancia, en Bilbao, buscaba entre sus recuerdos alguno que le aliviase el dolor de la pérdida de su padre. “La isla del padre” se llama esta novela  suya en la que la emoción desborda los renglones entre títulos de película y párrafos de novelas que  convirtieron a Marías en lo que es hoy. Alguien podrá pensar que es un libro de memorias. Pero no, aunque también… Es un libro en el que lo vivido se entrelaza con lo no vivido, con los soñado, con las ilusiones cumplidas y las rotas y en el que se construye una novela alrededor de ese héroe incuestionable que para casi todos es el propio padre. A lo largo de las páginas de este relato repleto de la magia de lo sencillo, de ser capaz de viajar al interior de uno mismo e ir sacando afuera tantas cosas que se quedaron en la mochila y aún pesan como piedras, Fernando desgrana algunos pasajes de su infancia, adolescencia e incluso madurez.  En  ellos, por fin se desvela a si mismo ese Miedo Mutuo, con mayúsculas, como él lo escribe, que colocaría a ambos protagonistas de la novela, el padre y el hijo, a una distancia inevitable, de las que obligan a dejar tantas cosas sin decir. Rebuscarse por dentro, implica aceptar lo bueno y lo mezquino y Marías, gracias a ese ejercicio de reconocerse las oscuridades, recupera todo de ese padre marino mercante que viajaba tanto como para no poder estar el día del nacimiento de su hijo y que cuenta entre tantas gestas heroicas con la de haberse quemado la mano con un soplete para poder seguir estudiando y cumplir su sueño de surcar los mares.  Las fotografías, los olores, las cartas e incluso el monte Pagasarri  no son más que pistas para recuperar los sentimientos adormecidos durante años, incluso negados en ocasiones, que a la muerte de un ser querido, determinante, afloran de nuevo y, por suerte para los lectores, se desparraman en las páginas de esta última obra del escritor vasco, absolutamente imprescindible. Enhorabuena, amigo. Creo que te quiero aún más después de leerla. 


La Gaceta de Salamanca

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