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“No comemos mejor que nuestros antepasados”

Dr. Sergio Gallego Rodríguez, endocrinólogo de Hospital Universitario Quirón Madrid

 

Se celebra el día Mundial de la Salud… ¿Ahora más que nunca se sabe que, desde el punto de vista de la salud, somos lo que comemos?

Está claro que somos lo que comemos. Además, la  alimentación es la base de nuestra salud. Una alimentación equilibrada, abundante en frutas, verduras, hidratos de carbono, como consumo moderado de proteínas y una buena hidratación es lo más recomendable. Si a esto unimos actividad física, tenemos la receta para mantener un buen estado de salud sin necesidad de suplementaciones.

 

Cada vez tenemos más alimentación, pero ¿comemos mejor o peor que antes?¿Y a qué se debe?

En la actualidad en los países desarrollados existe una oferta infinita de alimentos, algo que no ha sucedido en ninguna época de la historia. Pese a esta ventaja en occidente no solemos comer mejor que nuestros antepasados debido a que el estilo de vida, los horarios y los condicionamientos sociales hacen que en muchas ocasiones optemos por una alimentación inadecuada: abuso de preparados, comida rápida, picoteo de alimentos con escaso valor nutricional… La mayor accesibilidad a esta clase de alimentos ha llevado a que muchas personas, pese a que tengan mayor accesibilidad a comida sana, se alimenten de forma errónea.

 

 Y en cuanto a seguridad alimentaria ¿los alimentos que consumimos son cada vez más seguros o por el contrario debemos temer toda suerte de manipulaciones?

Se ha avanzado mucho en el tema de la seguridad alimentaria gracias a la necesidad de etiquetados detallados, trazabilidad de la cadena alimenticia… En general, los alimentos que llegan al mercado son seguros. Sin embargo, también hay que reconocer que es frecuente que los alimentos lleven aditivos y conservantes para favorecer su comercialización.

 

Cada año se ofrecen informaciones controvertidas sobre diferentes tipos de alimentos. El azúcar, los lácteos, ahora parece que son enemigos mortales, cuando antes eran aliados imprescindibles… ¿hasta qué punto tenemos que seguir a rajatabla o no las informaciones que aparecen derivadas de distintos estudios y con diferentes conclusiones?

Todas las informaciones sobre alimentación hay que tomarlas con precaución. No hay alimentos buenos o malos; todo depende de las cantidades y de las personas que los consuman. Ningún alimento que lleva siendo consumido por la humanidad desde hace siglos es malo per se en la población general. No sucede lo mismo en el caso de personas que sufren alguna enfermedad o intolerancia, como las que no pueden consumir lactosa, el azúcar en diabéticos, el gluten en celiacos… Para el resto de personas lo más recomendable es utilizar el sentido común y buscar una alimentación equilibrada, en la que lo que comamos se parezca lo más posible al alimento del que procede.

 

En cualquier caso, ¿es cierto siempre que en el equilibrio está la virtud y que una dieta equilibrada es la más sana?

Sí, hay que seguir la clásica pirámide de los alimentos: la base de la alimentación debe estar compuesta por frutas, verduras, hortalizas y legumbres de las que hay que alimentarse todos los días. En menor proporción hay que consumir los productos proteicos  (carnes y pescados) y sólo en ocasiones puntuales se deben tomar dulces, bollería, picoteo… Hay que seguir una dieta parecida a la de nuestros padres o abuelos que se basaba en los productos de la tierra.

 

O lo que es lo mismo, que no conviene abusar de nada, ni dejar de comer nada ¿o sí?

Existen dietas que excluyen alimentos; otras requieren suplementaciones o se ponen de moda alimentos con añadidos. No es recomendable quitar nutrientes que siempre han estado en la dieta tradicional. Las dietas sin lácteos, exentas de hidratos de carbono, sin fruta… todas estas llevan, antes o después, a desequilibrios. Lo más razonable es alimentarse con moderación y distribuir lo que comemos cada día de la forma más razonable posible.

 

Suplemento de salud de La Razón

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